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Un cartel electoral del candidato presidencial Alexander Van der Bellen, de los Verdes, en Viena el 19 de abril de 2016

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Los dos rivales que se enfrentarán este domingo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Austria, el ecologista y el candidato de extrema derecha, encarnan dos culturas políticas, dos generaciones y dos temperamentos que evidencian la polarización de la sociedad austriaca.

En un mes de campaña entre las dos vueltas, ambos se han recorrido todos los medios de comunicación y raramente ha habido una palabra más alta que otra: Alexander Van der Bellen, de 72 años, y Nobert Hofer, de 45, el profesor universitario jubilado y el ex ingeniero aeronáutico, se han tratado con ejemplaridad.

Pese a ello, "nosotros dos encarnamos dos conceptos opuestos", concluyó Van der Bellen, el candidato apoyado por los Verdes, al término de esta maratón mediática.

Nobert Hofer, su rival de extrema derecha, casi desconocido para el gran público, se ha presentado a los electores como alguien "nuevo, honesto y competente", pese a dos décadas de responsabilidades políticas en la sombra del FPÖ (partido de la libertad) y más recientemente, de su líder, Heinz-Christian Strache.

Este autoproclamado "gladiador" político, vicepresidente del Parlamento desde 2013, es descrito como la "cara amable" del FPÖ. Respalda las posturas de Strache contra la inmigración con una sonrisa en lugar del discurso inflamado del líder del partido.

Tras un accidente de parapente en 2003, se desplaza con ayuda de un bastón.

Su campaña en la primera vuelta fue efectiva hasta el punto de colocarlo en cabeza con el 35% de los votos, el mejor resultado del FPÖ a nivel federal desde 1945.

Pero hay quienes advierten de que, tras la imagen de maneras suaves, yace un "lobo con piel de cordero", que ha amenazado recientemente con incrementar sus poderes presidenciales para expulsar al gobierno, si éste no lleva a cabo sus políticas contra los migrantes o de impulso de la economía.

En las antípodas ideológicas y de actitud, se encuentra su oponente, el exlíder de los Ecologistas Alexander van der Bellen, brillante economista al que Hofen acusa de arrogante y sentencioso.

Con su aire austero, en ocasiones brusco, el viejo profesor de cejas en acento circunflejo le ofrece una diana ideal, aunque no se defiende mal: este exmiembro del partido socialdemócrata, que dirigió los Verdes hasta 2008, durante su mandato llevó a la formación a convertirse en la cuarta fuerza política del país.

- Niños de provincias -

Mientras el candidato Van der Bellen no ha cesado en su campaña para hacerse con el electorado de centro y moderado, el FPÖ lo presenta como "un izquierdista con ropa de burgués", y le recuerda las posiciones de su antiguo partido en materia de inmigración. Los Verdes siempre han defendido una sociedad abierta y multicultural que espanta al FPÖ.

La cuestión migratoria se ha situado en el centro de la campaña en un país de 8,5 millones de habitantes que durante la crisis de refugiados de 2015 acogió a 90.000 solicitantes de asilo, cerca del 1% de la población.

Van der Bellen se reivindica como "hijo de refugiados" en tanto que hijo de un aristócrata ruso y una madre estonia que huyeron del estalinismo. El profesor creció en los confines de Austria, en la provincia del Tirol, fronteriza con Italia.

En cuanto a Hofer, se trata del hijo de un político conservador de Burgenland, la provincia menos próspera de Austria, cerca de la frontera húngara.

En 2005, el líder histórico del FPÖ, Jörg Haider, creó su propia formación al verse sobrepasado por Strache, más radical. Hofer se alineó con el segundo, partidario de la línea dura.

Después, con ayuda de Hofer y tras varios reveses electorales, el partido pulió su discurso, prohibiendo expresiones abiertamente xenófobas o antisemitas, que hasta entonces habían sido su marca de fábrica. El FPÖ profundizará en el poder adquisitivo y la protección social, robando al partido socialdemócrata parte de su electorado popular.

"Cuando hablamos de Norbet Hofer, hablamos de alguien fascinado por la ideología de la Gran Alemania. Hablamos de alguien sacado del sombrero por un jefe de partido relacionado con medios neonazis", recuerda en un editorial Christian Rainer, redactor jefe del semanario Profil.

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