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Iván Márquez (i) y Victoria Sandino, de la delegación negociadora de las FARC, el 24 de junio de 2016

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Colombia celebró por todo lo alto la firma de un acuerdo de cese el fuego sin precedentes entre el gobierno y la guerrilla FARC, pero aún deben superarse varias etapas clave antes del fin de un conflicto armado de más de medio siglo.

El histórico apretón de manos el jueves en La Habana entre el presidente Juan Manuel Santos y el jefe máximo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Timoleón Jiménez, dominó las portadas de la prensa colombiana.

"Ante el mundo, el gobierno y las FARC sellan silencio de las armas", tituló El Tiempo, mientras que El Espectador publicó en su portada la foto de un fusil sobre un fondo blanco con la frase "No reciclar".

El acuerdo firmado el jueves establece las condiciones del fin al conflicto, último obstáculo para un pacto definitivo de paz con las FARC, principal y más antigua guerrilla del país, después de tres años y medio de arduas negociaciones en la capital cubana.

Pero estas próximas semanas serán cruciales para que el país se encamine hacia la paz tras más de cinco décadas de violencia, en las que guerrillas, paramilitares y agentes del Estado se han enfrentado con un saldo de 260.000 muertos, 45.000 desaparecidos y 6,9 millones de desplazados.

- Pacto final "muy, muy cerca" -

Según fuentes de la Presidencia, el primer paso lo debe dar la Corte Constitucional, que examina, a pedido del gobierno, la legalidad de un plebiscito para refrendar un futuro pacto final de paz con las FARC. Ambas partes se comprometieron el jueves a respetar la decisión del alto tribunal, pero el interrogante es qué pasará si los colombianos rechazaran lo firmado.

La canciller María Angela Holguín dijo este viernes a Caracol Radio que se espera un pronunciamiento de la Corte "hacia los primeros días de julio".

La firma del pacto final con las FARC, una guerrilla marxista nacida en 1964 de un levantamiento campesino, es otro de los esperados pasos.

El presidente Santos mencionó, sin confirmar, la fecha del 20 de julio, simbólica por ser fiesta nacional. Pero las partes no se han puesto de acuerdo sobre el país donde se rubricará el acuerdo: el gobierno quiere que sea en Colombia y la guerrilla en Cuba.

"Quedan algunos puntos por negociar, pero parece evidente después de la firma de ayer que pronto habrá un acuerdo final", señaló a la AFP Arlene Tickner, analista de la Universidad de los Andes en Bogotá.

Quizá el desafío más importante es lograr el desarme de las FARC, un proceso que se deberá completar en 180 días, tras la firma del acuerdo, y que será monitoreado por la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Este mismo viernes, el gobierno anunció que las 23 zonas y ocho campamentos en los que se concentrarán los cerca de 7.000 combatientes de las FARC ya están definidos y se encuentran justamente en áreas donde la guerrilla ha tenido siempre fuerte presencia.

Una serie de ratificaciones deben sucederse de aquí a septiembre-octubre para que el acuerdo final de paz se convierta en ley.

Si el plebiscito tiene luz verde de la Corte y gana el "Sí", lo acordado debe pasar al Congreso y luego ser revisado por el mismo alto tribunal, para que finalmente sea promulgado como ley por Santos.

- "Paramilitarismo", principal amenaza -

Una vez superadas estas etapas, el Estado colombiano podrá considerarse en paz con las FARC, y dedicarse de lleno a las conversaciones anunciadas con el segundo grupo rebelde del país, el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Pero aunque el desarme con las FARC se haga realidad, no será fácil tampoco cumplir con el resto de los puntos del acuerdo de paz (seguridad de los exguerrilleros, instalación de tribunales de paz, reforma agraria, lucha contra el tráfico de drogas).

Según Holguín, ahora lo más importante es establecer "cómo va a ser esa reintegración en lo político, social, económico" de las FARC, uno de los principales componentes en suspenso en los diálogos.

Para las FARC, las bandas criminales surgidas tras la desmovilización de milicias irregulares de extrema derecha hace una década, que la guerrilla combatió y que sigue llamando "paramilitares", son un riesgo en este proceso.

"El paramilitarismo es la principal amenaza que se cierne sobre los acuerdos. Si no logramos desmantelar o desmontar esas estructuras, este proceso de paz puede fracasar", advirtió a periodistas en Cuba el negociador guerrillero Pablo Catatumbo.

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