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El primer ministro ucraniano, Arseni Yatseniuk, el 1 de abril de 2015 dando un discurso en los eventos Europa-Forum, organizados en Berlín

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El primer ministro de Ucrania, Arseni Yatseniuk, criticado por la falta de reformas y acusado de defender a la oligarquía, dimitió este domingo, tras meses de una crisis política que paralizó la labor del gobierno.

Yatseniuk hizo este anuncio durante un programa de televisión semanal, en el que aseguró que durante su gestión hizo todo lo posible para "garantizar la estabilidad del país y construir una transición lo más pacífica posible".

El anuncio se produce menos de dos meses después de que superara una moción de censura en el Parlamento.

"La crisis política en Ucrania está siendo alimentada artificialmente. El deseo de cambiar un solo rostro ha cegado a los políticos del país y paraliza su voluntad de cambios reales", se defendió Yatseniuk.

Su dimisión será validada el martes por los diputados, y el presidente, Petro Poroshenko, ya ha designado al presidente del parlamento, Volodymyr Groissman, para sucederlo, aseguró Yatseniuk.

En una entrevista difundida el domingo, pero realizada antes del anuncio de Yatseniuk, el jefe de Estado anuncio que esperaba una próxima candidatura de Groissman al cargo de primer ministro

"Espero que sea Groissman, pero trabajaré con cualquier primer ministro", dijo.

Por el momento, Yatseniuk, de 41 años, no ha dicho nada sobre sus intenciones futuras.

"A partir de ahora, veo mi misión de un modo más amplio que mis poderes como primer ministro", dijo, sin dar más detalles.

- Rápido ascenso, rápida caída -

Designado al cargo hace dos años, a raíz del éxito del movimiento pro-europeo de Maidan, Yatseniuk fue durante un tiempo el niño mimado de Occidente.

Mientras el país se enfrentaba a una grave crisis económica, su drástica política de austeridad permitió a Ucrania obtener ayudas del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Su posición antirrusa y a favor de la adhesión a la Otan apelaron al patriotismo de buena parte de la población, lo que permitió a su partido encabezar las legislativas de 2014.

Pero su popularidad no duró y en los últimos meses fue blanco de duras críticas por las insuficientes reformas puestas en marcha en el país y escándalos de corrupción que salpicaron a personas de su círculo cercano.

Con apenas 8% de aprobación en los sondeos, la coalición que formaba con el presidente Petro Poroshenko estaba muy fragilizada. En febrero 2016 el jefe de Estado pidió incluso su dimisión.

Después del fracaso de la moción de censura en su contra, su coalición estuvo apunto de estallar tras la salida de dos partidos que tenían juntos 45 escaños en el Parlamento, sobre un total de 450.

Los dos partidos restantes, el del presidente y el de Yatseniuk, perdieron entonces la mayoría en la cámara.

Poco a pocos los occidentales le fueron quitando su apoyo y el FMI amenazó en febrero con cortar la ayuda prometida a Kiev debido a la "lentitud" de la lucha anticorrupción en el país.

La renuncia de Yatseniuk abre la puerta a un gobierno totalmente nuevo en Ucrania, aunque lo más probable es que continúe la línea pro-occidental.

Según los expertos, uno de los cambios más importantes podría ocurrir en el cargo de ministro de Finanzas.

La actual ministra, Natalie Jaresko, podría ser remplazada por el exministro de Finanzas eslovaco, Ivan Miklos, quien dijo estar dispuesto a integrar el nuevo gobierno a condición de que pueda conservar su nacionalidad eslovaca y que le garanticen tener las manos libres para combatir la corrupción.

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