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El primer ministro Abdelilah Benkirane habla durante un mitin del PJD el pasado 1 de octubre en Larache, al norte de Marruecos

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Los marroquíes eligen el viernes un nuevo Parlamento en unas elecciones dominadas por el duelo entre los islamistas, en el Gobierno desde 2011, y los liberales más cercanos al rey Mohamed VI, que conserva lo esencial del poder.

El islamista Partido Justicia y Desarrollo (PJD) obtuvo una victoria histórica en noviembre de 2011, poco después de una reforma constitucional decidida por el rey para contener al Movimiento del 20 de Febrero, versión marroquí de la Primavera Árabe.

El liberal Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), fundado por un consejero del rey en 2008, está dirigido actualmente por Ilyas el Omari. Tras el fracaso de la Primavera Árabe, el PJD es el único partido islamista que sigue al frente de un gobierno en la región.

El Gobierno del carismático Abdelilah Benkirane primer ministro del PJD, al frente de una alianza que incluye comunistas, liberales y conservadores, no causó grandes cambios políticos.

El rey Mohamed VI, jefe del Estado y "Comendador de los Creyentes", es de hecho "el único que decide en temas estratégicos y de largo plazo", es decir, la política internacional, económica y de seguridad, afirma un análisis de la Fundación Carnegie.

Para el PJD, que se apoya en la clase media y urbana, el objetivo es obtener "un segundo mandato" para "continuar con las reformas" con un trasfondo islamista muy tenue.

El PJD se abstuvo de legislar sobre temas morales y se limitó a asuntos económicos y sociales, con un tinte más bien liberal en un contexto difícil.

Por su parte, el PAM denuncia un balance "catastrófico" y advierte contra una "islamización progresiva" de la sociedad. El PAM, bien implantado en las zonas rurales y entre los notables, no propone, sin embargo, nada muy diferente del PJD en materia socioeconómica.

En cambio, se diferencia de su rival presentándose como el gran "defensor de las libertades" y de la condición femenina, prometiendo hacer elegir un batallón de mujeres en el próximo parlamento.

El PJD, por su parte, de forma alusiva para no enfrentarse al rey, acusa a su rival, y en menor medida al Ministerio del Interior, de ser la correa de transmisión de un misterioso "estado paralelo" (tahakum, en árabe) que recurre a "métodos autoritarios" para controlar la vida política.

Frente a esos dos grandes partidos, la izquierda marroquí intenta presentarse como una tercera vía, dirigida por Nabila Munib, una profesora universitaria de 56 años, única mujer al frente de un partido en Marruecos.

La Federación de la Izquierda Democrática (FGD), alianza de tres partidos creada en 2007, se presenta con el objetivo principal de instaurar una monarquía parlamentaria.

Otra novedad de esta elección es la vuelta discreta pero llamativa de los salafistas, que figuran en las listas de varios partidos, concretando una reintegración política fomentada desde hace varios años por el rey.

Se trata de unas decenas sobre unos 7.000 candidatos, entre los que figura el emblemático Abdelwahab Rafiki, alias Abu Hafs, expredicador que estuvo condenado a 30 años de cárcel después de los atentados islamistas de Casablanca en 2003 (45 muertos). Fue indultado en 2012 y se presenta por el Istiqlal, el partido nacionalista histórico.

Casi 16 millones de marroquíes están convocados a votar para elegir 395 diputados en 92 circunscripciones, en un sistema proporcional. Participan una treintena de partidos, pero sólo ocho tienen una implantación nacional y posibilidades de formar un grupo parlamentario.

Las elecciones serán supervisadas por 4.000 observadores, 92 de los cuales son extranjeros. El poderoso ministro del Interior, Mohamed Hasad, prometió una elección "libre y honesta".

Hasta la llegada al poder del rey Mohamed VI, en 1999, las elecciones marroquíes eran manipuladas por el poder. La tasa de abstención, que fue del 55% en 2011, es una de las incógnitas de las elecciones.

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AFP