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Andre Poggenburg (I) del partido alemán populista de derechas AfD, y su compañero de partido Daniel Roi asistem a la asamblea constituyente del nuevo parlamento tras las elecciones regionales en Sajonia-Anhalt en Magdeburgo, el 12 de abril de 2016

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Con una crisis del euro caída en el olvido y un aflujo de migrantes contenido por el cierre de fronteras, la derecha populista alemana de la AfD, que se reúne este fin de semana en un congreso, pretende ganarse al electorado con sus críticas al islam.

"Partido contestatario busca tema contestatario", resume el semanario Der Spiegel, describiendo la actual paradoja del movimiento en pleno apogeo.

Tras haber ganado fuerza en las elecciones regionales de marzo y alcanzar el 14% en las intenciones de voto en los sondeos, el joven partido ha perdido, con el cierre de fronteras en Europa, su argumento favorito: la política de acogida de migrantes de la canciller, Angela Merkel.

Sin embargo, en Alemania, donde el desempleo es débil y la confianza en el Gobierno es "más alta que en otras partes", la AfD solo puede prosperar con "un descontento generalizado", explicó a la AFP Timo Lochocki, especialista en derecha populista del German Marshall Fund de Berlín.

Alternativa para Alemania (AfD), creado en la primavera de 2013, presente en el Parlamento europeo y en la mitad de los parlamentos regionales del país, ha visto en el islam un posible catalizador, un tema que centrará los debates del sábado y el domingo en su congreso en Stuttgart (suroeste).

Entre las mociones que votarán, figura la prohibición de minaretes, "símbolos de la dominación islámica", de las llamadas del muecín y del velo, "signo político-religioso de la sumisión de las mujeres musulmanas a los hombres".

Sus líderes ya habían declarado recientemente que el islam es "incompatible con la Constitución", calificándolo de "ideología política" y de la "mayor amenaza para la democracia y la libertad".

- Un desafío 'difícil de ignorar' -

Con cuatro millones de musulmanes en Alemania, y la llegada el año pasado de un millón de solicitantes de asilo procedentes en su mayoría de países musulmanes, la retórica antiislam "puede beneficiar mucho a la AfD" hasta las legislativas de 2017, considera la politóloga Nele Wissmann.

Para Timo Lochocki, "todo dependerá" de la reacción de los otros partidos y de los medios, porque la formación "no tiene poder para marcar la agenda imponiendo solo sus temas favoritos".

En general, la condena parece unánime y Angela Merkel recalca desde hace más de un año que "el islam pertenece a Alemania". Pero los democristianos de la canciller están divididos desde hace tiempo sobre el tema y sus aliados de la CSU reclaman, por su parte, una "ley sobre el islam" que sirva para frenar el avance de la AfD.

Un estudio de la fundación Bertelsmann revelaba el año pasado que el 57% de los alemanes ve al islam como una "amenaza" y que el 61% piensa que es "incompatible con el mundo occidental", un desafío "difícil de ignorar", destacó Nele Wissmann.

Otra cuestión que será votada este fin de semana será si al partido le conviene aliarse con el Frente Nacional francés en el Parlamento europeo o no. El ala derecha del partido, fuerte en el este, es favorable mientras que el ala liberal, que domina en el oeste del país, es más reacia.

En medio de esta disputa interna, algunos caciques del partido han visto en el éxito de la extrema derecha austriaca en la primera vuelta de las presidenciales una oportunidad para afianzar sus posiciones dentro de la AfD, dispuestos a presagiar un destino similar en Alemania.

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