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La reina Isabel II de Inglaterra visita a la Honorable Compañía de Artillería el 1 de junio de 2016 en Londres

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La adoración de los tailandeses por su rey era única, pero otros reyes, de Isabel II de Inglaterra a Mohamed VI de Marruecos, han conseguido mantener el apoyo a una institución considerada anticuada por muchos.

Existen alrededor de 40 países en el mundo gobernados por monarcas, 16 de ellos por Isabel II de Inglaterra, jefa de Estado de países como Canadá, Australia o Nueva Zelanda y otros de la Commonwealth, el antiguo Imperio Británico.

Hay monarquías parlamentarias, absolutas y hasta electas, como el Vaticano o Andorra, cuyos jefes de Estado, llamados 'príncipes', son el presidente de Francia y el obispo de la localidad española vecina de la Seu d'Urgell.

"La monarquía británica disfruta de una popularidad del 70%-80%, unas cifras por las que los políticos matarían", dijo a la AFP el profesor Robert Hazell, del departamento de temas constitucionales de la Universidad College London.

Una popularidad estrechamente asociada a la actual reina, Isabel II. A sus 90 años, lleva 64 en el trono y su reinado era superado en el mundo sólo por un rey, el tailandés Bhumibol Adulyadej, Rama IX, fallecido el jueves, que reinó durante 70 años.

"Hemos sido una monarquía durante casi 1.000 años y durante ese tiempo, Gran Bretaña ha tenido una historia relativamente pacífica", recordó Hazell, citando uno de los factores que explican la vigencia de esta vieja institución hereditaria.

- Una institución sensible a los escándalos -

Otros monarcas, recordó Hazell, cimentaron su reputación en "su papel en superar la opresión militar o la dictadura", citando a los monarcas escandinavos que plantaron cara a los nazis, o al recientemente abdicado Juan Carlos I de España, que presidió el paso del país de la dictadura de Franco a la democracia.

En el caso de España, la institución pervive, pero el actual monarca, Felipe VI tiene ante sí el desafío de hacer olvidar que su hermana Cristina y su cuñado Iñaki Urdangarin son juzgados por corrupción y que su padre protagonizó varios escándalos antes de la abdicación, como su cacería de elefantes en Botswana en el peor momento de la crisis económica.

"Se supone que la realeza tiene que tener otra manera de comportarse, ejemplar, moralmente impecable", dijo a la AFP la periodista Ana Romero, especialista en la monarquía española.

"En momento de crisis economica y penuria, fueron vistos como personas muy egoístas, hedonistas, que pensaban unicamente en su placer", dijo sobre la infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarín.

"Las monarquías tienen un aire de inmutables, pero de hecho son muy vulnerables a los escándalos. Lo vimos recientemente en España", dijo a la AFP Philip Murphy, director del Instituto de Estudios de la Commenwealth y especialista en monarcas.

- Un contrato renovable -

Salvo España, y en menor medida Bélgica, las monarquías de Europa gozan de buena salud.

Las supuestas infidelidades cometidas por el monarca sueco Carlos XVI Gustavo le han restado popularidad, pero ésta sigue situándose en torno al 65%. De nuevo, una cifra por la que los políticos pagarían.

En el norte de África y Oriente Medio, la Primavera Árabe amenazó monarquías como la de Bahréin, que recurrió a la mano dura para sofocar las revueltas, pero países como Jordania y Marruecos cuentan con reyes populares en las figuras de Abdalá II y Mohamed VI, respectivamente.

Ningún rey o reina pueden esperar dejar su popularidad en herencia a sus hijos, avisó Hazell. "Cada generación tiene que renovar el contrato entre la monarquía y la gente. La monarquía no debe darse por descontada. Tiene que ganarse el respeto", subrayó.

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