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Un hombre deposita una flor sobre una bandera de Colombia con pintadas de manos blancas en Cali, el 15 de julio de 2016

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Esperanza Rivera se crió en las mismas montañas de Colombia donde nacieron las FARC, pero como a muchos en la cuna de la guerrilla, el acuerdo de paz alcanzado con el gobierno le genera más incertidumbres que certezas.

"Lo que queremos es que se firme la paz y que el plebiscito gane, para que haya paz", asegura Rivera a la AFP en la plaza de Planadas, un municipio del centro del país donde en 1964 un levantamiento campesino dio origen a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas).

En la muy verde e intrincada zona rural de Planadas, esta campesina de 41 años advierte que ha comenzado a surgir "otro conflicto, del que no se habla, porque mientras había guerrilla, acá en el campo se hacía respetar mucho de los ladrones y ahora, como los ladrones no tendrán a nadie a quién temer, nosotros quedaríamos desprotegidos".

"Al campo no llega la Policía, no llega ninguna otra fuerza a defendernos de la delincuencia común. Acá los bandidos le temían mucho a la guerrilla y entonces no se robaban ni una gallina porque había quien los castigara", dice, al pedir que con la paz llegue "más ayudita del gobierno, que nos tiene muy abandonados".

Tras casi cuatro años de negociaciones, las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos sellaron un histórico acuerdo en La Habana para acabar con un conflicto armado de más de medio siglo, cuya aplicación dependerá del resultado de un plebiscito fijado para el 2 de octubre.

- El enfermero de 'Tirofijo' -

Bajo el sol ardiente del mediodía en Planadas y con el incesante canto de las chicharras de fondo, Jorge Ardila afirma querer la paz, pero no oculta sus dudas sobre lo negociado.

"No creo que sobre el universo haya nadie que no quiera la paz, incluso los mismos violentos lo hacen buscando ese camino de la tranquilidad para ellos y su familia, pero antes de pronunciarme yo debo conocer en qué consisten esos acuerdos", explica.

A sus 59 años, Ardila, como tantos otros pobladores de la zona, ha tenido contacto con la guerrilla e incluso asegura que su padre "fue enfermero de Tirofijo", Manuel Marulanda, el líder fundador de las FARC, cuyo nombre verdadero era Pedro Antonio Marín, fallecido en 2008 por aparentes causas naturales.

"A él lo nombraron enfermero en Marquetalia", cuenta sobre la zona de Planadas donde un gran enfrentamiento entre el Estado y los campesinos alzados en armas llevó a la conformación de las FARC en 1964.

"Y no fue solamente enfermero de Tirofijo, sino del Ejército también (...). Le prestó todos los servicios de medicina al Ejército y, de forma clandestina, también a la guerrilla", agrega sobre su padre, Pedro Antonio Ardila.

- Más armas que azadas -

Más duro y reservado aún sobre el acuerdo con las FARC, Eustacio Jiménez dice que "hacer la paz en Colombia es muy difícil porque hay mucha pobreza, mucho desempleo". Y apunta que, aunque negociar es bueno, no habrá paz si eso no se negocia.

"Lo que va a pasar es más derramamiento de sangre", sentencia este hombre, de 75 años y muy poco optimista, entre otras cosas porque "hay más gente en armas que trabajando en el campo".

Jiménez, campesino de toda la vida, se conoce al dedillo las montañas que rodean Planadas y que han sido durante décadas "corredores" de las FARC, porque conectan el departamento de Tolima con otros tres territorios: Cauca, Valle del Cauca y Huila.

Una ventaja geográfica que atrajo a la guerrilla, pero también a otros grupos armados actores del conflicto, lo que hace que muchos otros en el pueblo aún hoy opten por callar lo que piensan.

"Es que aquí hay unas ocho, nueve leyes: de la guerrilla, los paramilitares, las bandas...", dice un lugareño que prefiere no identificarse.

Según los expertos, es real la posibilidad de que el vacío que dejen las FARC sea llenado por otros grupos armados ilegales, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), nacido en 1964 y aún activo, o bandas criminales surgidas de remanentes de las milicias irregulares de derecha, desmovilizadas entre 2003 y 2006.

"Tenemos en Colombia la experiencia, no solo hace diez años con la desmovilización paramilitar, sino en los años 1990 con acuerdos de paz con otros grupos guerrilleros, de que esos huecos, esos vacíos de poder son llenados por otros grupos armados ilegales. Este es un riesgo", dijo a la AFP Kyle Jonhson, del International Crisis Group.

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