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Un obrero mira una excavadora de arena junto al río Mekong en Vientiane (Laos), el 31 de mayo de 2016

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Al sur de Vientián, la extracción de arena, gravilla y guijarros del Mekong para las obras de construcción chinas afecta a los laosianos, ya de por sí pobres, y tiene un fuerte impacto medioambiental.

En todo el planeta, tanto en las playas como en los ríos, de forma legal o ilegal, se extrae arena, pero en Asia se hace a gran escala, sobre todo para alimentar el apetito de China y de Singapur.

Hoy en día, la arena es el segundo recurso natural más consumido en el mundo después del agua, con 30.000 millones de toneladas utilizadas todos los años. China usa el 60% de esta cantidad, según los datos del Instituto estadounidense de geofísica (USGS).

Hasta hace poco, Laos parecía librarse del problema. Pero ahora a unos kilómetros de Vientián, la capital, el Mekong marca la frontera entre este pequeño país comunista y Tailandia. Largos tubos en el fondo del río, conectados a bombas de extracción y las excavadoras amontonan arena en espacio de unos minutos.

Otras canalizaciones llevan, en medio de un ruido ensordecedor, toneladas de guijarros del tamaño de un puño. Decenas de trabajadores los clasifican y meten en sacos. No muy lejos, los camiones esperan el cargamento para transportarlo al lugar de almacenamiento.

La arena es indispensable para la industria; está presente en infinidad de productos: el vidrio, el papel, los chips electrónicos o el plástico. Pero sobre todo representa el 80% de la composición del cemento.

Cerca de la orilla, el Mekong es poco profundo y los campesinos pescan. Se meten hasta que el agua les llega a la mitad de los muslos y echan las redes.

"El río ha cambiado mucho. Aquí la ribera se hunde. Antes no pasaba", explica uno de los pescadores que pide conservar el anonimato.

"Esto nos obliga a alejarnos para pescar. No es bueno para nosotros", añade mientras lanza la red, que ha atrapado un pez.

"Es más complicado ir en busca de agua para los cultivos. Pero la necesitamos", abunda Deaun Saengarun, de 36 años, que suda la gota gorda mientras separa los guijarros para introducirlos en sacos blancos.

Esta madre de dos hijos cultiva verduras y trabaja en la explotación por una decena de euros diarios.

- 'No es sostenible' -

"Cada vez hay más compañías en la zona. Ahora tenemos muchos clientes chinos. Construyen edificios inmensos en Vientián, para lo que necesitan mucha arena y piedras", explica Air Phangnalay, de 44 años, quien dirige con su sobrino una explotación en pleno crecimiento.

El empresario reconoce que su actividad no está exenta de consecuencias.

La extracción modifica los parámetros del río: las corrientes, el nivel de las capas freáticas, la profundidad o el tamaño de las riberas, explican los expertos.

El Gobierno laosiano reconoce que "la extracción de la arena del Mekong afecta la estructura del río y su ecosistema". No da cifras sobre la cantidad anual extraída.

Las compañías no están sometidas a cuotas, asegura Air Phangnalay.

Río arriba la extracción de arena "no es sostenible y tiene graves consecuencias para el delta", lamenta Marc Goichot, del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

El río produce en torno a 20 millones de toneladas de sedimentos al año, pero, según los últimos estudios, se extraen 50 millones.

"Es un proceso clave", explica. Se necesita que la arena vaya desde la zona alta del río hacia la baja para que el delta pueda luchar contra la salinización y contra el avance del mar en esta zona crucial para la agricultura.

La situación se ha agravado con la construcción de represas en el Mekong, que bloquean los sedimentos.

"En cuanto se modifica el equilibrio de un río, el proceso de erosión comienza y hacen falta decenas de años para invertir el proceso aunque se pare la explotación", explica Pascal Peduzzi, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

"El problema es que durante tiempo se pensó que la arena era un bien inagotable... En los últimos cuatro años, China consumió lo que Estados Unidos en 100 años", resume el investigador.

Y el frenesí inmobiliario de China no se limita a su territorio. Es el principal inversor extranjero en Laos. En la capital, todas las grandes obras están dirigidas por empresas chinas.

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