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Unos niños yemeníes llenan de agua unas garrafas como parte de ayuda humanitaria para la empobrecida localidad costera de Hodeidah, el 18 de octubre de 2016

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Un alto el fuego de 72 horas, iniciado por las Naciones Unidas, entró en vigor como previsto el miércoles a la medianoche en Yemen, pero no impidió nuevos enfrentamientos en esta guerra que dura desde hace 18 meses.

El cese de la hostilidades entró oficialmente en vigor a las 23H59 locales (20H59 GMT). Poco antes del inicio de la tregua la coalición árabe y los rebeldes anunciaron cada uno por su cuenta que suspendían las hostilidades.

Menos de una hora después, los combates se reanudaron en los alrededores de Taiz, importante ciudad del suroeste en donde algunos barrios fueron bombardeados por los rebeldes, lo que provocó enfrentamientos con las fuerzas leales, informaron fuentes militares y habitantes.

Las posiciones favorables al presidente Abd Rabbo Mansur Hadi, apoyado por la coalición de países árabes sunitas, también fueron atacadas en la provincia de Marib, al este de Saná, según fuentes militares.

En el Mar Rojo, tres combatientes progubernamentales murieron cerca de Midi, una ciudad portuaria de la provincia de Hajja, en la frontera con Arabia Saudita, en un ataque rebelde que lanzaron pasada la medianoche una contraofensiva para intentar recuperar posiciones perdidas antes del inicio de la tregua, indicó a la AFP un oficial de las tropas leales.

En Saná, el portavoz militar de los rebeldes, el general Sharaf Lokman, había afirmado sin embargo "respetar el cese al fuego en el tiempo impartido siempre que el enemigo lo respete en su totalidad en el plano terrestre, naval y aéreo".

Por su parte, un portavoz de las fuerzas progubernamentales declaró "respetar la tregua" pero también que se "reserva el derecho a responder en caso de que sea violada".

En Riad, la coalición árabe afirmó haber suspendido "las operaciones militares" aunque mantiene el bloqueo y "los vuelos de reconocimiento de los movimientos de los hutíes y de sus aliados", las fuerzas fieles al expresidente Ali Abdallah Saleh.

Se trata de la sexta tentativa para poner fin a las hostilidades entre los rebeldes chiitas hutíes y las fuerzas progubernamentales desde la intervención en marzo de 2015 en Yemen de una coalición árabe liderada por los saudíes.

Sin embargo, los expertos estiman que esta tregua tiene más posibilidades de ser respetada por las fuertes presiones internacionales sobre las partes en conflicto y por el alto precio que pagan en esta guerra.

- Presión internacional -

Anunciada el lunes por la ONU, esta tregua interviene en un momento en que está estancado el conflicto, que ya dejó 6.900 muertos, 35.000 heridos, tres millones de desplazados y devastó la economía de un país considerado como el más pobre de la península arábiga, incluso antes del inicio de las hostilidades.

Desde marzo de 2015, el gobierno yemení, reconocido internacionalmente y apoyado por una coalición militar árabe bajo mando saudí, se enfrenta a rebeldes chiitas hutíes, acusados de tener vínculos con Irán, que controlan la capital Saná y amplias regiones del norte, del oeste y del centro.

Este sexto intento de un alto al fuego, bajo los auspicios de la ONU, llega luego del gran error de los aviones de la coalición dirigidos por Riad, que costó la vida a 140 personas e hirió a otras 525 el 8 de octubre en Saná.

A ello se agregan los tiros de misiles contra navíos de la Marina de Estados Unidos en el mar Rojo y la respuesta estadounidense contra baterías de radares ubicadas en zonas controladas por los rebeldes.

En este contexto, la comunidad internacional, con Washington a la cabeza, multiplicó las presiones sobre los beligerantes, es decir sobre el gobierno del presidente Abd Rabbo Mansur Hadi, apoyado por la coalición de países arabo-sunitas, y los rebeldes hutíes pro-iraníes, aliados a las fuerzas del ex jefe de estado Ali Abdallah Saleh.

El martes, el secretario de Estado estadounidense John Kerry pidió no sólo el respeto del cese el fuego, sino también su renovación sin condiciones.

Pero el gobierno de Hadi puso como condición la implementación de un comité de observación de la tregua, el fin del asedio de Taiz, gran ciudad del suroeste rodeada por rebeldes, y la distribución sin restricciones de la ayuda humanitaria.

Los rebeldes dicen estar listos para un "cese el fuego durable, global y sin condiciones, que garantizará el fin de la agresión (...) y el levantamiento del bloqueo impuesto" por la coalición.

Las posibilidades de que el cese al fuego perdure parecen reales, según el analista Mustafá Alani.

"Soy más optimista porque el ambiente es completamente diferente" al del último alto el fuego que fracasó en abril pasado, explicó a la AFP.

Y agregó que "las grandes potencias están implicadas esta vez con Estados Unidos y Gran Bretaña, que ejercen presiones sobre las partes".

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