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Humo en un tanque de almacenamiento de petróleo tras unos combates en la terminal de Al Sidra, cerca de Ras Lanuf, en Libia, el 8 de enero de 2016

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El gobierno de Gobierno de Unidad Nacional (GNA) apoyado por la comunidad internacional en Libia llamó el domingo a sus fuerzas a recuperar dos importantes terminales petroleras caídas en manos del gobierno paralelo, haciendo temer una escalada de la violencia en un país en plena crisis.

Las fuerzas del general Jalifa Haftar, jefe del ejército ligado al ejecutivo no reconocido basado en el este de Libia, lanzaron por la mañana un ataque sorpresa y se hicieron con el control de la terminal de Al Sedra y la de Ras Lanuf, las más importantes del país.

Es la primera vez que los dos bandos se enfrentan militarmente desde que el GNA se instaló en Trípoli en marzo. Desde entonces, trata a duras penas de consolidar su autoridad en el conjunto del país, hundido en el caos desde la caída del régimen del dictador Muamar Gadafi en 2011.

La toma fue confirmada por un comandante de los Guardias de las Instalaciones Petroleras (GPI), milicia leal al GNA (Gobierno de Unidad Nacional), basado en Trípoli.

Un portavoz de los GIP, Ali al Hassi, aseguró que los combates continuaban y que había muertos y heridos. "Las fuerzas de Haftar lanzaron un ataque por la mañana empleando aviones y artillería", pero "no tomaron el control" del conjunto de las instalaciones, aseguró.

En un comunicado publicado por la noche, el GNA condenó "esta agresión flagrante contra bienes del pueblo libio", llamó a sus fuerzas a marchar hacia la región para recuperar las terminales y urgió a las fuerzas proHaftar a retirarse.

El emisario de la ONU para Libia, Martin Kobler, se mostró "preocupado" por los combates que, según advirtió, "acentuarán las divisiones" en Libia.

- Haftar cuestionado -

Las fuerzas leales al gobierno de unión se concentran actualmente en la lucha contra el grupo Estado Islámico (EI), implantado en el país desde 2015, tratando de expulsarlo totalmente de su bastión en Sirte (centro-norte) pero esta ofensiva, lanzada en mayo, se eterniza frente a la resistencia feroz de los yihadistas.

Paralelamente, la ONU supervisa un complejo proceso político con el objetivo de unir a los distintos actores en un gobierno de unión reconocido por todos. Pero este proceso choca siempre con la oposición de las autoridades rivales basadas en el este.

Uno de los mayores desacuerdos es el lugar que deberá desempeñar en ese nuevo esquema Haftar, un general septuagenario que ha ido tomando progresiva relevancia tras la revuelta contra Gadafi.

Sus fuerzas intentan desde 2014 recuperar el control de Bengasi, segunda ciudad del país y bastión de grupos yihadistas radicales.

Para el investigador Mattia Toaldo, del grupo de reflexión European Council on Foreign Relations, la ofensiva en la zona petrolífera "podría degenerar en conflicto a menos que haya una mediación rápidamente".

Además, amenaza con "asestar el golpe de gracia a la industria petrolera".

- La clave es el crudo -

Aunque Libia dispone de las mayores reservas petrolíferas de África -unos 48.000 millones de barriles-, paradójicamente es uno de los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) que menos produce.

Entre 2010 y 2016, su producción de bruto se dividió por cinco, pasando de 1,5 millones de barriles diarios a 300.000.

En cuanto a los ingresos, se situaron en 4.000 millones de dólares (3.600 millones de euros) en 2016 según fuentes del sector petrolero libio, una décima parte que en 2010.

A finales de julio, los GPI anunciaron la reapertura de las terminales de Ras Lanuf y Al Sedra tras cerrar un acuerdo con el GNA, ejecutivo apoyado por la comunidad internacional, pero no reconocido por las autoridades del este del país.

Las fuerzas del general Haftar amenazaron entonces con atacar a los barcos petroleros que llegaran a los puertos libios para realizar transacciones con el GNA.

El caos reinante en Libia y su incapacidad para salir de la crisis inquieta profundamente a los países europeos, por la proliferación de grupos yihadistas debido al vacío de poder, así como por el creciente flujo de migrantes, casi todos procedentes de África subsahariana, que llegan a Europa procedentes de sus costas.

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