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Pilas de colmillos de marfil ardiendo el 30 de abril de 2016 en el Parque Nacional de Nairobi

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El presidente de Kenia prendió fuego el sábado a 105 toneladas de marfil en el parque nacional de Nairobi, la mayor cantidad de "oro blanco" jamás incinerado en una sola vez, un acto simbólico para luchar contra la caza furtiva de los elefantes.

Frente a las cámaras del mundo entero, el presidente keniano Uhuru Kenyatta y su homólogo gabonés Ali Bongo Ondimba, en cuyos países viven la mitad de los elefantes de selva en África, introdujeron cada uno una antorcha ardiendo en una pirámide formada por colmillos de elefante.

En total, diez pirámides de marfil y una pila de cuernos de rinocerontes ardieron, es decir, cerca del 5% del marfil mundial.

"Nadie, repito, nadie tiene que comerciar con el marfil, porque este comercio es sinónimo de muerte para nuestros elefantes y de muerte para nuestro patrimonio natural", declaró Kenyatta durante esta ceremonia destinada a promover la lucha contra la caza furtiva y la prohibición del comercio del marfil.

"Para nosotros, el marfil no tiene ningún valor salvo (que esté) en nuestros elefantes", insistió el mandatario.

Dirigiéndose a los cazadores furtivos, el presidente Bongo advirtió: "Vamos a poner fin a vuestro negocio y lo mejor que podéis hacer es jubilaros".

Los 16.000 colmillos incinerados el sábado representan casi toda la reserva de marfil keniano, constituida desde 1989, cuando se prohibió el comercio internacional del "oro blanco".

- "Comprar marfil es vergonzoso" -

Kenyatta hizo un llamamiento para que se prohíba totalmente el comercio de marfil para evitar la extinción de esta especie en estado salvaje. Actualmente entre 450.000 y 500.000 elefantes viven en África.

Presente en la ceremonia, la ministra francesa de Medio Ambiente, Ségolène Royal, defendió la necesidad de "matar la demanda" y anunció que Francia prohibirá próximamente el comercio de marfil.

Cada año, cerca de 30.000 elefantes son abatidos por los cazadores furtivos para recuperar sus colmillos. Las consecuencias de estos actos criminales son dramáticas: si se suman las muertes a manos de los cazadores y las muertes naturales la cifra es superior al índice de reproducción de la especie.

Durante la ceremonia, el famoso paleoantropólogo Richard Leakey, que dirige el servicio keniano de la fauna (KWS), defendió la iniciativa de Kenia: "Es una muy buena operación de comunicación. Si quiero llegar a 6.000 millones de individuos, tengo que hacer este tipo de actos", explicó a la AFP.

Pidió a los países africanos que "nunca más, hagamos comercio con el marfil o con el cuerno del rinoceronte", tachando de "vergonzosas" las naciones que siguen guardando sus reservas, en referencia a varios países del África Austral. "Son especuladores de una mercancía ilegal y diabólica", sentenció.

Con este acto simbólico sin precedentes, Kenia quiere enviar un mensaje "claro", el mismo que lleva proclamando desde hace tiempo: el marfil sólo tiene valor cuando se encuentra en un elefante vivo.

El tráfico de marfil, cuyo comercio está prohibido desde 1989, se apoya sobre todo en la demande asiática, en especial de China, donde el kilo de marfil se paga a unos 1.000 euros.

Por su parte, China endureció recientemente su legislación respecto a las importaciones de marfil, pero permite revender el "oro blanco" adquirido antes de la prohibición internacional de 1989. Según los defensores de los elefantes, este comercio legal sirve para ocultar importaciones clandestinas.

Si bien la ceremonia pública del sábado durará unas horas, la incineración en sí misma puede alargarse varios días. "De hecho, el marfil no se quema", explicó a la AFP Robin Hollister, responsable pirotécnico de la cremación.

"Si intenta quemarlo con una cerilla o echándolo a una hoguera, no funcionará. El exterior estará carbonizado pero el interior seguirá intacto", asegura. "Para reducirlo a cenizas, el marfil tiene que ser sometido a temperaturas muy elevadas", precisa.

Para conseguir estas temperaturas tan elevadas se inyectará, a presión, una mezcla de diésel y queroseno en el centro de cada una de las pirámides.

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