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El presidente de Irlanda Michael D. Higgins (izda.) estrecha la mano del reelegido primer ministro, Enda Kenny, el 6 de mayo de 2016 en Dublín

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El conservador Enda Kenny fue reelegido este viernes primer ministro de Irlanda por el Parlamento tras más de dos meses de negociaciones con otras fuerzas que le obligarán a suavizar la austeridad de su primer mandato.

Kenny, del partido Fine Gael, fue elegido por 59 votos a favor y 49 en contra en la cuarta sesión de investidura desde las elecciones del 26 de febrero que arrojaron un parlamento muy fragmentado.

El primer ministro logró que el segundo partido de la cámara, Fianna Fail, se abstuviera y que varios independientes votaran a su favor.

Fine Gael, que tiene 50 de los 158 escaños de la Cámara baja, gobernará en minoría con el apoyo de algunos independientes y no tendrá más remedio que negociar sus medidas con otras fuerzas parlamentarias. "Este Gobierno tiene mucho que hacer. Nuestro país afronta muchos desafíos, ese es el mensaje que la gente transmitió durante las elecciones", dijo en su discurso de aceptación del cargo.

Los dos grandes partidos irlandeses, Fine Gael y Fianna Fail, no consiguieron alcanzar un acuerdo estable de Gobierno pese a tener programas relativamente parecidos, por una enemistad que se remonta a la guerra civil (1922-23).

Kenny, que en la anterior legislatura gobernó en coalición con los laboristas, pagó en las urnas su política de recortes presupuestarios tras la gran crisis que empezó en 2008.

Muchos irlandeses mostraron así su indignación por no sentir los efectos de la recuperación económica, con un crecimiento del 7% del PIB en 2015 y un retroceso del desempleo al 9%, repitiéndose así una historia que ya se vivió en Portugal y España. Kenny fue el encargado de gestionar el rescate de 67.500 millones de euros de la UE y el FMI y de aplicar los recortes que llevaba aparejados.

- Más gasto público y adiós al impuesto del agua -

El primer ministro anunciará posiblemente este mismo viernes la composición de su Gabinete.

A cambio de su abstención, Fianna Fail logró que el próximo Gobierno dedique 6.750 millones de euros más al gasto público y que abandone su plan de imponer un nuevo impuesto al agua, que fue la gota que colmó el vaso y llevó a los irlandeses a manifestarse contra la austeridad.

Además, el impuesto se tradujo en un aumento de la popularidad del partido nacionalista de izquierda Sinn Fein, abiertamente contra la austeridad, y en la aparición de partidos independientes nuevos tales como la Alianza contra la Austeridad/Los individuos antes que el beneficio (AAA-PBP).

"El nuevo Gobierno escuchó el mensaje (de las urnas) y actuará en concordancia con ese mensaje", prometió Kenny. "Si la supervivencia económica fue la prioridad del anterior Ejecutivo, la de este será poner la buena salud económica al servicio de la mejora de las condiciones de vida", aseguró el primer ministro.

El suyo será un Gobierno frágil que penderá de un hilo. "Es difícil ser optimista sobre la duración del Gobierno", concluyó el diario irlandés The Independent.

El Sinn Fein, el antiguo brazo político del IRA (Ejército Republicano Irlandés), tercera fuerza del nuevo parlamento con 23 escaños, se quedó al margen de las negociaciones.

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