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Una palestina mira vestidos de novia en una tienda de Gaza el 5 de abril de 2016. En este enclave costero palestino, donde el desempleo juvenil es del 60% y donde el 80% de sus habitantes depende de la ayuda humanitaria, casarse es un lujo

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Para los palestinos, el verano es la temporada ideal para que los novios celebren su enlace, pero para los invitados, que se espera que ayuden a cubrir los costos de la fiesta, esto puede ser una dura carga financiera.

La tradición estipula que los invitados entreguen a la pareja dinero para sufragar parte de los gastos de la fiesta, que a menudo son festines copiosos.

Los recién casados recogen sobres en una caja situada en la entrada. La mayoría de las veces van firmados.

Aunque las donaciones son voluntarias, está mal visto que los invitados no cumplan con las expectativas.

Algunos palestinos ven esta tradición como una forma de compartir los gastos de un evento importante para la comunidad, pero otros consideran que la presión social los lleva a adquirir una dura carga financiera.

Murad Shriteh, de 46 años, originario de la ciudad cisjordana de Ramala, dijo que se siente abrumado después de haber sido invitado a más de una celebración cada semana.

En dos semanas se gastó 400 dólares (358 euros), casi la mitad de su salario, contó a AFP durante una celebración en la localidad de Birzeit.

"Ya he recibido varias invitaciones para el resto de agosto, pero creo que voy a rechazar algunas", afirmó.

Según las estadísticas de los palestinos, en Cisjordania ocupada hay más de 25.000 bodas al año.

En la celebración, la presión social se suma a la tradición llevando a las parejas a organizar fiestas suntuosas, con la ayuda de los invitados.

Allí se ven montañas de comida, música en vivo y fotógrafos. En las fiestas más pudientes incluso se entrega una kufiya (pañuelo tradicional palestino) o un rosario como recuerdo.

Una boda puede llegar a costar 30.000 dólares, pero una familia pobre gasta igualmente 10.000 dólares.

- Compartir la carga -

Este es un gasto mayor para cualquier persona en Cisjordania, donde un cuarto de la población vive por debajo del umbral de la pobreza tras casi 50 años de ocupación israelí.

Habitualmente los costos de la fiesta son sufragados por el padre de la novia, por lo que el 'Naqout' es visto como una forma de compartir esta carga.

Jaled Abdalá, de 50 años, celebró hace poco la boda de su hijo en un pueblo cerca de Ramalá. Se gastó 10.000 dólares en la celebración, pero las donaciones de los invitados le permitieron recuperar lo invertido. Para él, es una forma de retribución tras años de asistir como invitado a las bodas de otros.

"El 'Naqout' persiste porque es una forma de solidaridad", afirmó.

Para algunos las donaciones son como inversiones, ya que esperan un retorno cuando un familiar se case.

"Es como una forma de seguridad social", contó Majdi al Malki, profesor de Ciencias Sociales en la Universidad de Birzeit, cerca de Ramala. "Se presenta como un regalo, pero en realidad es una forma práctica y útil de compartir los gastos de una boda", agregó, apuntando que es un legado de las antiguas tradiciones tribales de la sociedad palestina.

En algunas bodas, las donaciones a veces quedan expuestas por lo que son: dinero líquido que el novio se cuelga del cuello en medio de los invitados como si fuera una guirnalda.

"Es una forma de mostrar el orgullo, de mostrar la cuantía de las donaciones" y de dar gracias, apuntó Malki.

Pero la cadena no siempre funciona. Un padre contó que para la boda de su hijo algunos invitados habían dejado sobres vacíos sin identificar.

"Gracias a las grabaciones, pude saber quiénes eran", dijo a AFP bajo condición de anonimato. "Cuando sus parientes se casen, lo voy a tener en cuenta", prometió.

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