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El candidato del FPÖ a la presidencia de Austria, Norbert Hofer, vota en su colegio electoral el 24 de abril de 2016 en Pinkafeld, Austria

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La ultraderecha aspira el domingo a conquistar la presidencia de Austria en unos comicios que serán observados de cerca por la Unión Europea (UE), donde esa tendencia política está en alza.

El FPÖ, uno de los partidos europeos de extrema derecha más implantados, ganó de forma holgada la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 24 de abril, tras una campaña centrada en la gestión del flujo migratorio y en un clima de morosidad económica en este próspero país de la UE.

Norbert Hofer, de 45 años, discreto vicepresidente del Parlamento, obtuvo el 35% de los votos, es decir, el mejor resultado de la formación en una elección nacional. Se enfrentará al candidato independiente Alexander Van der Bellen, exjefe de los Verdes y universitario de 72 años, que alcanzó el 21,3% de los votos.

Estos dos candidatos consiguieron por primera vez apartar a las tradicionales formaciones políticas, los partidos socialdemócratas y conservadores, hasta ahora en el poder.

En la segunda vuelta del domingo, los observadores reconocen que Nobert Hofer es el favorito, pero se mantienen prudentes, por falta de sondeos entre las dos vueltas.

"El verdadero peligro es un presidente del FPÖ que (...) destituya el Gobierno para dejar vía libre a una república 'azul'", el color del partido de ultraderecha, atacó recientemente el candidato verde en el diario Österreich. Un acusación "alarmista", reaccionó Nobert Hofer. "Siempre he dicho que el cese del Gobierno sería para mí el último recurso", afirmó. Pero Hofer, consejero cercano del jefe del FPÖ, Heinz-Christian Strache, también advirtió que quería ser un "presidente activo".

El presidente austríaco, elegido por seis años, no participa en la gestión cotidiana del país, pero dispone de extensos poderes como el de nombrar a un nuevo canciller y el de disolver el Parlamento.

Los últimos jefes de Estado no han hecho uso de estas competencias, situándose en un segundo plano político, como es el caso del presidente saliente socialdemócrata, Heinz Fischer, que entregará oficialmente su mandato el 8 de julio.

- Discurso liso -

"Un presidente austríaco puede en teoría cesar el Gobierno y convocar elecciones, pero si esto no refleja la voluntad del pueblo, es políticamente poco realista", estima el politólogo Peter Hajek.

Entre las dos vueltas se ha producido un cambio inesperado: el relevo de canciller. Desestabilizado por el fracaso del candidato del SPÖ en la primera vuelta, el canciller Werner Faymann, en el poder desde 2008, dimitió y el partido colocó a la cabeza de la formación y del Gobierno a Christian Kern, quien dirigía hasta ahora la compañía nacional ferroviaria (ÖBB). "Se tiene que ver si habrá un 'efecto Kern' en los electores" que podría beneficiar a Alexander Van der Bellen, observa Hubert Sickinger, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Viena.

El nuevo canciller, que asumió su cargo el martes, pidió el voto por el candidato ecologista, que cuenta con el apoyo de numerosas personalidades de izquierda y de centro.

Como han hecho otras formaciones europeas de ultraderecha, el FPÖ, bajo la dirección de Heinz-Christian Strache, ha intentado pulir su imagen de partido, abandonando sus posiciones antisemitas y prohibiendo las expresiones xenófobas.

Una estrategia que el partido ha aplicado durante su campaña presidencial. Nobert Hofer no ha dudado en emplear un discurso liso para intentar atraer al electorado moderado.

Sin embargo, cuando Heinz-Christian Strache llegó a la dirección del FPÖ, en 2005, lo hizo defendiendo una línea mucho más radical que su líder histórico, Jörg Haider, que había conseguido que la formación entrara en el Gobierno como socios de los conservadores en el año 2000.

En las próximas elecciones legislativas, previstas en 2018, el FPÖ tiene en su punto de mira la cancillería, con más del 30% de las intenciones de voto.

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