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El presidente sirio, Bashar al Asad, acude a votar en su colegio electoral junto a su mujer, Asma, el 13 de abril de 2016 en Damasco

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Algunos votan por deber cívico o para apoyar al presidente, Bashar al Asad, en las elecciones legislativas de este miércoles en Siria boicoteadas por la oposición, pero muchos otros sirios se niegan a participar en lo que consideran una "farsa".

Los colegios electorales abrieron a las 07h00 (04h00 GMT) en las regiones bajo control gubernamental, o sea, un tercio del territorio, donde vive alrededor del 60% de la población.

"Hemos cumplido con nuestro deber nacional y ahora son los diputados los que deben cumplir las promesas", asegura Samer Isa, un camionero de 58 años, que votó en Damasco.

Delante de la puerta, los representantes de los candidatos intentan por última vez convencer a los votantes.

Para estas segundas elecciones desde el comienzo de la guerra, en 2011, 3.500 candidatos de más de 25 años aspiran a los 250 escaños de diputado, según el presidente del Comité jurídico supremo de las elecciones, el juez Hisham al Shaar.

Los expertos dan por sentado que los resultados serán similares a los de las legislativas de 2012, cuando el partido Baaz, en el poder desde hace más de medio siglo, obtuvo la mayoría de los escaños. Son las "elecciones de la resistencia", proclama una pancarta.

El presidente Asad votó por la mañana, acompañado de su esposa.

Yamine al Homsi, un funcionario de 37 años, votó "porque estas elecciones decidirán el futuro del país. Espero que los diputados sean honestos con la patria".

- "Un combate" -

Por el contrario, Maysun no lo hará. "La mayoría de los candidatos son ricachones que viven en el extranjero", critica esta camarera de 45 años. "Tenía un apartamento en Yarmuk del que me tuve que ir por los combates y ahora no paro de mudarme de un sitio a otro", agregó.

La guerra centró la campaña electoral. Los candidatos rivalizaban con lemas patrióticos. "Nosotros defendemos la seguridad", "Por nuestros hijos muertos, sigamos", proclamaban. Un aspirante a diputado se presenta como la voz de los "mártires de nuestro ejército heroico".

El periódico del partido Baaz define los comicios "como un combate para demostrar la solidez de las instituciones del Estado".

Las elecciones se celebran después de varias semanas de calma relativa en virtud de un alto el fuego impulsado por estadounidenses y rusos. Una tregua que amenaza con saltar por los aires.

En Siria combaten distintos bandos: las fuerzas prorrégimen, los rebeldes moderados e islamistas y dos grupos yihadistas rivales, el Estado Islámico (EI) y el Frente al Nosra, o brazo sirio de Al Qaida.

En Palmira, de donde el ejército expulsó a los yihadistas del EI el 27 de marzo, se instalaron cuatro centros de votación, uno de ellos en la entrada del museo arqueológico devastado. "No tuve miedo de venir a votar", cuenta uno de los habitantes que regresaron a la localidad.

- "No creo en ellas" -

En Alepo, los comicios sólo se celebran en los barrios controlados por el régimen. En la zona rebelde, los habitantes las rechazan. "Estas elecciones son ilegítimas porque la gran mayoría del pueblo ya derrocó al régimen y no lo reconoce", declaró Alaa Karman, una profesora.

"Es una farsa. No creo en estas elecciones. Él (Asad) sólo quiere mostrar que posee un Estado, un pueblo y un régimen sólido", abunda Mohamed Zobeidiyé, un mecánico.

La oposición en el extranjero y los países occidentales también las denuncian y la ONU aboga por la celebración de elecciones generales en 2017.

Según la comisión electoral, las elecciones se celebran "en todas partes, salvo en las provincias de Raqa e Idleb", en manos del EI y del Frente al Nosra, así como "en las regiones con problemas de seguridad", en referencia a las zonas bajo control de los rebeldes. Pero "los votantes originarios de estas regiones pueden votar en los sectores controlados por el ejército", añade.

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