AFP internacional

Un excombatiente talibán porta su fusil al hombro durante una entrega de armas organizada por un plan de paz del Gobierno afgano, el pasado 12 de enero en Jalalabad

(afp_tickers)

Los talibanes afganos anunciaron este martes el inicio de su "ofensiva de primavera", una señal de que no tienen intención de negociar con el Gobierno de Kabul, cuyas tropas sufrirán la segunda temporada de combates sin el apoyo de la OTAN en el terreno.

Debido a un invierno suave y a la postura agresiva de la nueva dirección del movimiento, los talibanes no han hecho ninguna tregua invernal este año y los combates son particularmente feroces en Helmand, una provincia sureña controlada en buena parte por los insurgentes y de donde procede la mayoría del opio afgano.

La situación es dramática para el Ejército afgano, que debe combatir solo desde el fin de la misión de combate de la OTAN, a finales de 2014.

Para la llamada 'Operación Omari', que toma el nombre del mulá Omar —fundador del movimiento talibán y cuya muerte fue dada a conocer el año pasado— los insurgentes anunciaron en un comunicado su intención de "lanzar ataques de gran envergadura contra posiciones enemigas en todo el país".

Preguntado por la AFP, Dawlat Waziri, portavoz del Ministerio de Defensa afgano, aseguró que "las fuerzas afganas están prepararas para enfrentarse al enemigo. Pero el analista político Harun Mir advierte de que este podría ser uno "de los peores años para Afganistán en términos de violencia y sangre derramada".

En su comunicado enviado a la AFP y publicado en Internet, los talibanes anunciaron operaciones "ejecutadas por mártires contra feudos enemigos", es decir, atentados suicidas como los que suelen cometer contra la policía y el Ejército afganos, que consideran "lacayos" de las fuerzas extranjeras.

El pasado lunes, 12 soldados murieron en el este del país en un atentado reivindicado por los talibanes, que empezaron su insurrección tras la caída de su régimen, en 2001. Pero los islamistas también tienen como objetivo a los 13.000 soldados de la OTAN que todavía están en Afganistán, a los que quieren "desmoralizar y obligar a irse del país".

- 5.500 soldados y policías muertos en 2015 -

La salida de los soldados extranjeros es una de las principales exigencias de los talibanes para volver a la mesa de negociaciones. El año pasado hubo una primera negociación directa con los talibanes en Pakistán pero fue bruscamente interrumpida tras el anuncio de la muerte del mulá Omar.

Para intentar relanzar las negociaciones, representantes de Afganistán, Pakistán, China y EEUU se reúnen periódicamente en Islamabad y Kabul desde el mes de enero, hasta ahora sin resultados. Y el anuncio de esta nueva ofensiva no augura ninguna voluntad de diálogo.

Además de los talibanes, que tienen como nuevo líder al mulá Ajtar Mansur, las fuerzas afganas se enfrentan también al grupo Estado Islámico (EI), formado en parte por facciones disidentes talibanes e implantado sobre todo en el este del país, en la frontera con Pakistán.

Ante ellos, el Ejército y la policía afgana se han visto desbordados. Los insurgentes han abierto frentes en todo el país, especialmente en el norte, una región que hasta ahora gozaba de cierta estabilidad.

El año pasado, "en torno a 5.500 soldados y policías afganos" murieron combatiendo a los distintos grupos radicales, según el jefe de la misión de la OTAN.

Frente a esta hecatombe, muchas voces piden desde Kabul que se ralentice la retirada de las tropas estadounidenses, en este momento compuestas por 9.800 efectivos.

afp_tickers

 AFP internacional