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Una manifiestación en las calles de la ciudad alemana de Fráncfort para denunciar el proyecto de tratado de libre comercio entre la UE y Estados Unidos, el 17 de septiembre de 2016

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Entre 163.000 y 320.000 personas salieron a la calle este sábado en siete ciudades alemanas para denunciar el proyecto de tratado de libre comercio entre la UE y Estados Unidos, unas negociaciones que Angela Merkel apoya pero que son criticadas por otros países europeos.

Los manifestantes acudieron al llamado de unas treinta oenegés, sindicatos y partidos políticos, que dieron la cifra de 320.000 asistentes.

Los servicios de policía de las siete ciudades, entre ellas Berlín, dieron una horquilla entre 163.000 y 188.000 manifestantes.

En Berlín fueron entre 50.000 y 70.000, según la policía, a pesar de la fuerte lluvia que cayó durante la movilización.

Las otras ciudades fueron Hamburgo, Múnich, Fráncfort, Colonia, Stuttgart y Leipzig.

"Democracia en vez de TTIP" se podía leer en las banderolas, en referencia a la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés), el acuerdo del que hay prevista una nueva ronda de negociaciones en octubre.

Los manifestantes también denuncian la conclusión de un acuerdo entre la UE y Canadá, el CETA ('Comprehensive Economic and Trade Agreement'), un acuerdo de libre comercio que aún debe ser ratificado por los parlamentos nacionales del bloque europeo.

Estos dos acuerdos comerciales preocupan en Alemania a pesar de que Merkel insiste en que generarán "creaciones de empleo". Una opinión que no comparte el vicecanciller socialdemócrata, Sigmar Gabriel, que criticó con vehemencia el tratado.

Si bien Francia es favorable al acuerdo con Canadá, se opone desde hace meses al que está siendo negociado con Estados Unidos.

Los dos acuerdos suprimen las barreras comerciales y reglamentarias a ambos lados del Atlántico y apuntan a una liberalización casi total de los intercambios.

Sus detractores temen que afecten a las normas sociales, sanitarias y medioambientales. En algunos países de Europa también se oponen a la creación de un mecanismo de solución de diferendos para las inversiones que, según sus detractores, debilitaría a las autoridades públicas frente a las multinacionales.

"Para millones de personas en Europa y en Estados Unidos el CETA y el TTIP amenazan la protección del medio ambiente y de los consumidores", denunció Jennifer Morgan, de Greenpeace International.

La comisaria de Comercio europea, Cecilia Malmstrom, a quien los 28 miembros de la UE dieron mandato para negociar con Washington, denunció este sábado "la incomprensión, las leyendas y las mentiras en el debate que rodea este tratado", en declaraciones al periódico Bild.

"La gente tiene que volver a ser protagonista, es por eso que tenemos que parar el TTIP" explicó Axel Kaiser, coordinador de una plataforma de pequeñas y medianas empresas.

"Luchamos para que los procesos de decisión democráticos, para que los principios del Estado de derecho se apliquen en los acuerdos comerciales" estima otro militante, Ulrich Schneider.

Washington y Bruselas tienen el objetivo de finalizar las negociaciones este año, antes de que el presidente estadounidense Barack Obama ceda el cargo a su sucesor.

Según un sondeo del instituto Ipsos, el 52% de los alemanes cree que el librecambio provoca el debilitamiento de las normas sociales y permite la importación de productos dañinos para la salud.

Otros países europeos como Austria o Francia ya han expresado su oposición al tratado.

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