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Christine Lagarde el 17 de octubre de 2014 en París

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Candidata oficial a sucederse al frente del FMI, Christine Lagarde se abrió camino hacia el núcleo de los líderes mundiales que le brindan sólidos apoyos, al tiempo que conserva la imagen de una dirigente habituada a los desafíos.

Abogada empresarial en Estados Unidos, ministra de Economía en Francia durante el mandato de Nicolas Sarkozy: esta hija de profesores y madre de dos hijos logró en 10 años encontrar su lugar en el selecto club del poder mundial, al que las mujeres no entran fácilmente.

Eligió el Foro Económico Mundial de Davos, en el que se reúnen anualmente los líderes políticos y los mayores empresarios del planeta, para anunciar públicamente este viernes su intención de continuar en su cargo de directora gerente del Fondo Monetario Internacional.

No se trata de su primer desafío. Impulsada en julio de 2011 a la dirección del FMI, integrado por 188 países, la exministra debió recomponer pacientemente el funcionamiento de una institución traumatizada por la forzada renuncia de Dominique Strauss-Kahn, protagonista de un escándalo sexual.

Ofreciendo una imagen de consenso, de una mujer vegetariana, cabello blanco, de aspecto deportivo, también supo defender la política del Fondo respecto a Grecia o Ucrania, y no dudó en formular recomendaciones firmes a los muy poderosos bancos centrales estadounidense y europeo.

A los 60 años, enfrenta sin embargo un asunto que podría trastocar sus planes: un juicio por el caso del arbitraje Tapie-Crédit Lyonnais, que se remonta a la época en que dirigía la economía francesa.

Lagarde, que presentó una apelación en el caso, se aseguró el apoyo del Consejo de Administración del FMI. Estos contratiempos judiciales no impidieron tampoco que grandes potencias como Alemania, China, Francia o Gran Bretaña le expresaran su apoyo.

- Lenguaje directo -

Estados Unidos ocupa un lugar preponderante en su carrera.

A ese país fue a estudiar durante un año y allí volvió años más tarde, asumiendo la presidencia del gabinete de abogados Baker & McKenzie, siendo luego notada por la derecha francesa.

Más tarde, en 2007 se convirtió en la primera mujer nombrada para dirigir el ministerio de Economía en Francia, cargo que desempeñó hasta 2011, marcando un récord de permanencia.

Su adaptación no estuvo exenta de dificultades.

En 2005, en su primer puesto gubernamental, en la cartera de Comercio Exterior, afirmó que el código laboral francés era "complicado" y pesado", provocando un fuerte polémica.

Dos años más tarde, en plena disparada de los precios de los combustibles, llamó a los franceses a "usar la bicicleta", contribuyendo así a forjarse la imagen de una mujer un tanto desfasada con la realidad.

Su llegada a la dirección del FMI no le hizo cambiar su lenguaje franco. Provocó otra polémica en 2012, al llamar a los griegos, asfixiados por los planes de austeridad, a pagar todos "sus impuestos".

Tampoco dudó en incomodar a sus exsocios europeos, exhortándolos a recapitalizar "urgentemente" sus bancos, y llamándolos a flexibilizar la deuda griega.

Bajo su mandato, el Fondo no pudo sin embargo impedir el mayor default de pago de su historia, con la deuda griega.

Internamente, Lagarde debió luchar para convertir paulatinamente al FMI, guardián de la ortodoxia presupuestaria, bregando por la igualdad de sexos, contra las desigualdades sociales y el calentamiento climático.

Su gestión al frente del organismo multilateral se coronó recientemente con dos cambios mayores: el reconocimiento del yuan chino como moneda de referencia y principalmente, el desbloqueo de una reforma de la gobernanza del Fondo por la que se declaró dispuesta a hacer la "danza del vientre".

Como resultado, algunos países emergentes, en general muy críticos con la sobrerepresentación de los occidentales en el seno del FMI, le rinden homenaje.

Pero el fondo de su pensamiento económico sigue siendo difícil de precisar, máxime cuando debió acompañar el lento y tortuoso aggiornamento del organismo sobre la austeridad.

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