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La presidente argentina Cristina Fernández de Kirchner, su homóloga Michelle Bachelet y la brasileña Dilma Rousseff en el Palacio Cerro Castillo en Viña Del Mar, Chile el 11 de marzo de 2014

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La corrupción en América Latina, que alcanzó públicamente hace poco las más altas esferas políticas de Chile y Brasil, debe erradicarse de raíz so pena de ahuyentar a los inversores interesados en esta zona, que necesita una inyección de capital para volver a dinamizar su crecimiento, estiman expertos.

"Las instituciones están perdiendo su brillo, la calidad que deberían tener", advirtió Eduardo Leite, presidente del comité ejecutivo del gabinete internacional de abogados Baker & McKenzie en Estados Unidos, durante el Foro Económico Mundial para América Latina celebrado esta semana en el caribe mexicano.

"Las buenas políticas dependen de que se tenga a los líderes correctos. Se trata de liderazgo y talento, no de instituciones. Se trata de ética y de la forma en que nos gobernamos a nosotros mismos", añadió.

La popularidad de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, se desplomó a su mínimo histórico a raíz de un millonario negocio inmobiliario que concretó su hijo mayor, Sebastián Dávalos, ahora acusado de "uso de información privilegiada" y "tráfico de influencia".

A esto se suman financiamientos ilegales de campañas políticas que involucran a dos de los más importantes grupos económicos del país, Penta y la minera Soquimich.

Tras rumores de una renuncia al cargo, la mandataria de Chile -considerado uno de los países menos corruptos de América Latina- presentó un paquete de medidas anticorrupción para sortear la crisis, incluida una renovación en su gabinete.

En Brasil, la petrolera estatal Petrobras también enfrenta una crisis tras la develación de una red de corrupción que durante una década asoció a políticos, directivos y empresarios de primer nivel para desviar fondos públicos con el objetivo de financiar partidos del oficialismo y engrosar fortunas personales.

Esa maquinaria de corrupción, que implica al partido de la presidenta Dilma Rousseff, llegó a mover unos 4.000 millones de dólares, según la policía.

- Estado de Derecho "crucial" -

Con una popularidad por el piso, la mandataria brasileña batalla para dar un golpe de timón en el rumbo de la economía de su país, la primera de América Latina, que apenas creció un 0,1% en 2014 y completó su cuarto año consecutivo de magra expansión.

Así, propuso un plan de ajuste al Congreso y planea una agresiva estrategia para ampliar su comercio exterior y atraer inversiones, sobre todo en infraestructura.

Pero "mientras la legislación no se modernice, se regule y entre en vigor, habrá cierta inestabilidad en el progreso" de la región, sostuvo Leite.

Para los inversores, "el marco legal, la estabilidad, la predictibilidad y la planeación a largo plazo son absolutamente cruciales", sobre todo para inversiones de largo plazo, coincidió José Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, una empresa española especializada en energía.

El empresario calcula que en los próximos 25 años, la demanda de energía eléctrica en Latinoamérica se multiplicará por cuatro, lo que requiere inyectar al sistema "enormes montos de inversión" que serán redituables 20 0 40 años después.

- Un problema "cultural" -

"La corrupción es un asunto de orden, a veces, cultural. Es un flagelo de nuestras sociedades, especialmente latinoamericanas" y tomará mucho tiempo erradicarlo, comentó el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, anfitrión de la versión latinoamericana del Foro Mundial Económico que cada año se celebra en Davos.

Peña Nieto, cuyo gobierno también enfrenta escándalos de corrupción y la colusión de autoridades con el crimen organizado, reconoció haber sido "criticado" por este comentario.

Y esas discrepancias no se hicieron esperar durante el foro.

"Robar es inaceptable (...) ve y dile a tu abuela sobre (el fraude) que vas a hacer y publícalo en los periódicos, y así verás si es culturalmente aceptable o no", sostuvo Gemma Aiolfi, del Instituto de Gobernabilidad de Basilea, un centro de reflexión.

La experta subrayó que la corrupción no es un fenómeno exclusivo de Latinoamérica, y que los gobiernos no deben "esconderse" en excusas para solucionarlo.

A finales del año pasado, el gobierno mexicano tuvo que dar marcha atrás a la concesión a un consorcio chino de una obra ferroviaria, que se había logrado a través de una controvertida licitación.

Al poco tiempo, se supo que la primera dama de México, Angélica Rivera, había adquirido meses antes de la victoria electoral de Peña Nieto una mansión de cuatro millones de dólares a un importante contratista gubernamental.

A esto se suma la trágica desaparición y presumible masacre de 43 estudiantes a manos de policías coludidos con narcotraficantes, lo que generó masivas protestas en el país y fuertes cuestionamientos por parte de la comunidad internacional.

La corrupción es un problema "social, económico, divisivo y dañino", que afecta tanto al sector privado como al público, impidiendo que se instale la confianza necesaria para crear inversiones y desarrollo, resumió Aiolfi.

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