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Unas sillas vacías preparadas para el secretario general de la OEA, Luis Almagro, y la exministra chilena Mariana Aylwin, en la casa de la cubana Rosa María Payá, el 22 de febrero de 2017 en La Habana

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El premio Oswaldo Payá para el jefe de la OEA quedó sobre una silla con su nombre. El gobierno cubano impidió que el diplomático Luis Almagro viajara a la isla para recibir el homenaje que le harían disidentes por su apoyo a la democracia.

Rosa María Payá organizó la inusual premiación en memoria de su padre, un líder opositor fallecido en un accidente de tránsito en 2012, en la sala de su vivienda del barrio El Cerro de La Habana.

Hasta el martes en la noche había expectativa de que el acto pudiera llevarse a cabo con los 15 invitados internacionales, pese a que el gobierno cubano ha rechazado cualquier apertura política tras más de medio siglo de régimen de partido único.

Pero finalmente Almagro, en una carta publicada este mismo miércoles, denunció que las autoridades de la isla le negaron la entrada.

La misma suerte corrieron la exministra chilena Mariana Aylwin, hija del fallecido expresidente Patricio Aylwin, y el expresidente mexicano Felipe Calderón, tras lo cual los respectivos gobiernos expresaron su malestar.

Payá, líder de la organización Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia, decidió realizar el acto en ausencia de los homenajeados.

Las dos pequeñas placas de mármol negro con la silueta de Oswaldo Payá, reservadas para Almagro y la exministra chilena, quedaron sobre sendas sillas de madera con asiento rojo.

"Los vamos a poner sobre estas dos sillas vacías, que permanecerán vacías" hasta que "puedan aterrizar en La Habana...el día que puedan compartir con nosotros, con la sociedad civil cubana, nuestra liberación", dijo Rosa María Payá.

En un comunicado, el gobierno de Raúl Castro defendió la decisión contra Almagro ante lo que, según dijo, era una plan para "generar inestabilidad interna", dañar su imagen internacional y "afectar la buena marcha de las relaciones diplomáticas" con otros Estados.

- Sin represión -

Casi medio centenar de personas entre opositores cubanos, periodistas y diplomáticos de Estados Unidos, Suecia y República Checa atestaron el reducido espacio, donde había una bandera cubana y un afiche del padre de la activista de 28 años.

Pese a la tensión que generó el gesto sin precedentes de la oposición cubana, las autoridades no reprimieron a los opositores ni impidieron la ceremonia, al menos mientras estuvo la prensa.

"Estamos felices de hacer esto con los que han podido llegar hasta aquí", afirmó la hija de Payá. La ceremonia de media hora transcurrió sin percances, incluso salió el sol tras un fuerte aguacero.

Durante el acto, el opositor cubano Iván Hernández, un expreso político de 45 años, afirmó que "un centenar" de opositores fue detenido o retenido en sus viviendas por la policía para evitar su asistencia.

Ninguna de las figuras mas visibles de la disidencia cubana estuvo presente.

- Sin mirar a Trump -

Tras la ceremonia, Payá descartó que busque incitar al gobierno de Donald Trump a actuar contra Cuba, que normalizó sus relaciones diplomáticas con Estados Unidos en 2015.

Pero "sí esperamos un apoyo coherente de todas las democracias del mundo al derecho a decidir de los cubanos y sí esperamos demostraciones y reacciones y respuestas ante esta agresión del régimen cubano a nuestros invitados internacionales", añadió.

Payá, que vive entre Miami y La Habana, promueve un plebiscito en Cuba a favor de una transición democrática.

Cuba fue suspendida de la OEA en 1962, en el apogeo de la Guerra Fría y de su enfrentamiento ideológico con Estados Unidos. El gobierno de la isla rehúsa regresar a la organización a pesar de que el país fue readmitido en 2009.

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