En Bakassi, uno de los mayores campos de desplazados por la violencia del grupo yihadista Boko Haram, los habitantes hacen fila frente a precarios lavabos de plástico instalados para concienciar de la necesidad de lavarse las manos para frenar la expansión del coronavirus en países como Nigeria.

En esta región, arrasada por 10 años de conflicto, no se ha registrado aún ningún caso del nuevo coronavirus, pero sí hay 200 contagios oficialmente confirmados en el país, algunos de ellos en el norte, donde no hay casi pruebas de diagnóstico.

Los trabajadores humanitarios y las autoridades locales avisaron de que si el virus golpeaba a los dos millones de desplazados en la región del gran lago Chad, compartido por Níger, Nigeria, Chad y Camerún, donde las condiciones médicas y sanitarias son lamentables, la epidemia provocaría una catástrofe.

Alrededor de Maiduguri, la capital de esta región de Nigeria, centenares de miles de personas viven amontonadas en campos controlados por el gobierno o en improvisados refugios repartidos por la ciudad, huyendo de los enfrentamientos entre el ejército y los insurgentes yihadistas.

El agua potable es un bien raro y el agua salobre para lavarse sigue siendo un lujo.

"Esta epidemia nos da miedo", cuenta Aishatu Abubakar, una de las 30.000 personas desplazadas en el campo de Bakassi. "Nos enfrentamos a la inseguridad y ahora nos amenaza esta enfermedad", piensa en voz alta.

Bunu Bukar Muhammad, cofundador de la asociación humanitaria Smile Mission Healthcare, intenta instaurar varias medidas de prevención en el campo.

Para ello, colocó básicos lavabos frente a los que explica cómo hay que lavarse las manos para paliar el avance de la pandemia, aunque sabe muy bien que el jabón no podrá hacer milagros si el nuevo coronavirus llega al campo.

"Porque es muy difícil mantener la distancia con los demás", dice Bukar.

Para intentar crear barreras, las autoridades locales prohíben todas las "visitas" en los campos. Pero para los desplazados que viven dentro no hay realmente un plan.

"No tenemos con qué protegernos", lamenta Umar Gwoza, padre de familia que vive en las calles de Maiduguri. "Necesitamos guantes, máscaras y gel hidroalcohólico".

- Diez ventiladores -

Tras una década de conflicto más de la mitad de los 700 centros médicos de la región han sido destruidos. Los que quedan no tienen casi material ni personal cualificado.

"El sistema de salud no podrá frenar al virus ni cuidar a los enfermos", dice un empleado de la ONU en el noreste del país. "La epidemia se propagará como un reguero de pólvora. Es aterrador", dice.

La región se ve a menudo afectada por epidemias, sobre todo de cólera o meningitis, que siembran la muerte en los campos, pero son infecciones que se pueden controlar más y los profesionales médicos saben cómo actuar para tratarlas.

Pero el coronavirus, aunque afecte particularmente a las personas de edad avanzada, que no abundan en estos campos, será diferente.

"El sistema inmunitario de estas personas está debilitado por la falta de alimentación y de agua potable y por las condiciones sanitarias generales", explica un trabajador humanitario que no quiere dar su nombre.

La ONU anunció el martes que estaba "tomando medidas para paliar la propagación del coronavirus" entre los habitantes más vulnerables del noreste de Nigeria.

Esto significa suministrar agua potable, jabón y respiradores y lanzar una campaña de prevención contra la enfermedad.

Una fuente médica indicó a la AFP que sólo había 10 respiradores en todo el estado de Borno, donde se sitúa el campo de Bakassi, para unos 10 millones de habitantes.

- Ayuda humanitaria en peligro -

Además del miedo a la pandemia, las organizaciones humanitarias temen que la crisis mundial también influya en la ayuda humanitaria que recibe esta región, donde se calcula que más de siete millones de personas dependen de ella.

Nigeria ha cerrado sus fronteras, aunque la ayuda humanitaria seguirá llegando y el gobierno aseguró que las personas desplazadas recibirán de manera adelantada raciones de comida para dos meses.

Pero los trabajadores humanitarios temen que no haya personal suficiente para repartir esta ayuda, por ejemplo pilotos de helicóptero, único medio de transporte para llegar a algunos de estos lugares del noreste del país debido al conflicto que torna muchas zonas prohibidas e inaccesibles.

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