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Un socorrista trabaja el 25 de septiembre de 2017 entre los escombros de un edificio derribado por el terremoto en Ciudad de México

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Casi una semana después del terremoto de magnitud 7,1 que deja 326 muertos en México, la esperanza de encontrar vida entre los escombros se agota, mientras crece la tensión entre familiares de desaparecidos que exigen al gobierno información sobre los suyos.

El alcalde de la ciudad, Miguel Mancera, informó de que son cinco los sitios donde los equipos de rescatistas, tanto locales como extranjeros, continúan trabajando en el centro y el sur de la ciudad.

El grueso de ellos se concentraba en el sector Roma, donde un edificio de siete pisos se derrumbó.

Ahí, al caer la noche, bajo una lluvia que no cesaba y que obligó a suspender los trabajos de cientos de rescatistas, la tensión nuevamente subió cuando un centenar de personas que decían ser familiares de las personas desaparecidas exigían información sobre los suyos y amagaban con romper el cordón de seguridad en torno al amasijo de escombros.

"Queremos información (...) Nos han tenido engañados. Ayer querían entregarme un cuerpo que no era mi sobrina, ya la encontré en el Semefo (servicio médico forense)", dijo a medianoche en una improvisada rueda de prensa una mujer que dijo ser tía de una de las víctimas.

Protección Civil contabiliza a unas 40 familias que buscan a seres queridos que estaban ahí en el momento del sismo, pero no han dado información alguna en las últimas 48 horas, en medio de constantes rumores sobre el hallazgo de cuerpos y que en un servicio forense podría haber unos 15 cuerpos sin identificar.

"La paciencia ya se agotó, no podemos seguir esperando. Actualicen las listas por favor, que den las cifras reales de los cuerpos que hay en los semefos", dijo de su lado Martín Astrada, quien dice tener a un familiar desaparecido.

Exigieron la presencia de funcionarios, entre ellos a Roberto Campa, subsecretario de Derechos Humanos Gobernación (Interior).

En medio de la falta de información, los rescatistas colombianos que participan en las tareas emitieron un comunicado en el que señalan que han contribuido a recuperar seis cadáveres desde el domingo. Pero las autoridades no han confirmado ni desmentido esta versión, lo que tensa aún más la situación.

"El malestar es general, pero hay formas de expresarlo. Hay gente que tiene miedo, que se siente muy mal, que están completamente dormidos, hay gente que está muy rabiosa. Están ante una situación de no saber si tienen un familiar vivo o muerto", dijo a la AFP Sebastián García, voluntario que ha contribuido a atender a los familiares más cercanos de las víctimas.

En tanto, en otra polémica, los medios locales denunciaron que la escuela del sur de la ciudad, donde murieron sepultados 19 niños y 7 adultos, pudo haber utilizado documentación falsa para poder operar.

La alcaldía y la secretaría de Educación y la alcaldesa de la zona donde se ubica el colegio Enrique Rébsamen intercambiaban señalamientos en torno a qué instancia tendría la responsabilidad directa ante una eventual violación de las normas.

Mientras, las clases se reanudan de manera paulatina pues las autoridades revisan las instalaciones de las más de 8.000, públicas y privadas. Se anunció que el martes estarán ya trabajando 676.

- Difícil retomar la normalidad -

Más de 9.000 inmuebles ya han sido revisados en toda la ciudad. La gran mayoría ya son habitables, unos 700 requieren alguna reparación para volver a serlo y 300 presentan afectaciones graves, por lo que se evaluará si los derriban o refuerzan su estructura, informó Mancera.

Este lunes, la ciudad trataba de recuperar su ritmo de vida reanudando parcialmente clases en escuelas y universidades, mientras algunas empresas y oficinas públicas trabajan con personal reducido.

En la Torre Mayor, uno de los edificios más altos de la capital, con 225 metros de altura y 59 pisos, los lujosos y modernos ambientes de oficinas aún lucían por debajo de su capacidad.

"Tenemos miedo (...) el viernes muchos no quisieron todavía venir. Les dimos la opción de trabajar en casa", dijo a la AFP David González, un contable de 42 años que trabaja en el décimo piso.

Su empresa no puede estar inactiva, pues las operaciones en otros países dependen del equipo en México.

González dice que entre sus compañeros el impacto del sismo fue mayúsculo: tres perdieron su casa, una perdió a su hermana y otra a su hijo en el colegio Rébsamen.

Y, en medio de la emergencia, una falsa alarma de bomba forzó a evacuar a unos 3.000 trabajadores de la sede central de la petrolera estatal Pemex, atizando el nerviosismo de los afectados capitalinos.

Hasta la noche del lunes, sumaban 326 muertos por el sismo: 187 en Ciudad de México, 74 en el estado de Morelos, 45 en Puebla, 13 en el Estado de México, seis en Guerrero y uno en Oaxaca, según Protección Civil federal.

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AFP