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El secretario de Estado de EEUU, John Kerry (3º i), se reúne con los representantes de la Unión Europea+3 en busca de una acuerdo sobre el programa nuclear de Irán el 28 de junio de 2015 en Viena

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Los jefes de la diplomacia de las grandes potencias y de Irán abandonaron el domingo por la noche Viena, dejando la continuación de las negociaciones en manos de los expertos, y con la previsión de regresar a Austria durante la semana para tomar las decisiones políticas finales sobre el acuerdo nuclear.

A excepción del secretario de Estado estadounidense, John Kerry, que debía quedarse en la capital austriaca, los jefes de la diplomacia llegados a lo largo del fin de semana a Viena regresaron a sus respectivos países por la noche, tras dar instrucciones a sus equipos.

"Yo diría que la voluntad política está ahí. La he constatado en todas las partes", declaró la jefa de la diplomacia europea Federica Mogherini, que pilota las negociaciones. "Hemos encargado a nuestros equipos que sigan trabajando desde esta noche en los textos (...) y los ministros regresarán en los próximos días en cuanto el trabajo haya avanzado para finalizar un acuerdo", añadió.

El iraní Mohamad Javad Zarif regresó a Teherán para realizar consultas. "Siempre hemos dicho que si la otra parte muestra voluntad política, es posible llegar a un acuerdo global. Yo estoy seguro de nuestra propia voluntad política y sabemos que la República islámica de Irán, el guía supremo, el presidente de la República y los responsables de los otros países desean un acuerdo respetable y duradero", declaró antes de abandonar la capital suiza.

El francés Laurent Fabius y el británico Philip Hammond también se marcharon, mientras que el alemán Frank Walter Steinmeier despegará el lunes por la mañana.

- No habrá renegociación-

Todas las partes han asumido que las negociaciones se prolongarán más allá de la fecha límite del 30 de junio, debido a los numerosos puntos de divergencia todavía presentes.

Pese a ello, "no estamos renegociando las cosas", aseguró la jefa de la diplomacia europea, recordando que el acuerdo previo en Lausana (Suiza), concluido el pasado abril, reposaba sobre bases sólidas.

Pero pese al acuerdo marco firmado hace dos meses, aún queda "mucho trabajo por hacer", tal y como han admitido Washington y Teherán.

El ministro de Exteriores británico, Philip Hammond, aseguró que hay "líneas rojas" que no pueden ser franqueadas. "Cada uno de nosotros deberá tomar decisiones muy difíciles", advirtió.

Mogherini advirtió de que la hora de las decisiones "políticas" había llegado en esta agotadora negociación iniciada hace 20 meses entre Teherán y las potencias del P5+1 (Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, Gran Bretaña, Francia y Alemania).

El objetivo de la negociación es llegar a un acuerdo histórico que limite el programa nuclear iraní e impida que la República islámica se dote del arma nuclear.

- Condiciones 'indispensables' -

Se espera que un acuerdo ponga fin al callejón sin salida que impera desde 2002 y que ha amenazado con convertirse en una guerra y ha envenenado las relaciones de la República Islámica con el mundo exterior.

Pero cualquier acuerdo tendrá que someterse al intenso escrutinio de los sectores más 'duros' en Irán y en Estados Unidos, así como los rivales regionales del país persa, como Israel y Arabia Saudí.

Según el acuerdo marco de Lausana, Irán reducirá en más de dos tercios el número de centrifugadoras para enriquecer uranio, que pueden fabricar combustible para energía nuclear o la base de bombas nucleares, y reducirá sus reservas de uranio en un 98%.

Irán también aceptó cambiar el proyecto de un reactor en la planta de Arak para que no pueda producir plutonio para armas ni utilizar la planta de Fordo —construida debajo de una montaña para protegerla de cualquier ataque— para enriquecer uranio.

A cambio, busca la retirada inmediata de las sanciones de la UE, Estados Unidos y Naciones Unidas que han lastrado su economía y limitado el acceso a los mercados petroleros mundiales.

El martes, el líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, trazó las "líneas rojas" para un acuerdo final que parecían ir en contra de lo acordado en Lausana, y, entre otras condiciones, expresó su rechazo a las inspecciones de los sitios militares iraníes.

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