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Jóvenes afganos en bicicleta en Lashkar Gah, la capital de la provincia de Helmand, en Afganistán, el 4 de octubre de 2016

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Fátima tiene la pierna rota y mucho miedo. Esta niña de tres años se sobresalta con cada disparo de cohete de talibanes contra la capital de Helmand, provincia del sur de Afganistán gran productora de opio, que simboliza el peor fracaso de los occidentales tras 15 años de guerra.

Durante años, Helmand se encontró a merced de las operaciones militares de la coalición liderada por Estados Unidos en Afganistán, una misión que no logró repeler a los talibanes, a tal punto que actualmente tres cuartos de su territorio podría caer en sus manos.

La reciente intensificación de los combates ha dejado centenares de muertos y ha obligado a miles de civiles a huir hacia la capital provincial, Lashkar Gah, uno de los últimos bastiones que todavía controla las tropas del gobierno.

Bismilá, carga con Fátima, que resultó con fracturas en los ataques y ahora tiene una pierna enyesada. Provenientes del distrito de Nad Ali, Bismilá es una de las miles de personas que perdieron todo bajo el fuego de artillería.

"Mi casa quedó en medio de la línea del frente", contó su padre, que tiene además otros siete hijos. "Todo el mundo huyó para salvarse", agregó.

Bismilá relató su testimonio a la AFP desde un hospital en Lashkar Gah, mientras caían los cohetes lanzados por los talibanes, que nuevamente buscan penetrar en la ciudad.

Actualmente, la unidad de cirugía está desbordada, en dos semanas, ha recibido 216 heridos de guerra, marcando un récord, incluso para esta región que siempre ha estado con el peligro latente de nuevas incursiones de los rebeldes.

- 'Hay muchos niños' -

"Heridas de bala, por las minas, ataques con obús, amputaciones (...)", la coordinadora médica de la clínica Emercency, Vesna Nestorovic, cita las lesiones que enfrentan sus pacientes. "Hay muchos niños", se lamentó.

Bismilá y Fatima forman parte de los cerca de 5.000 desplazados que han llegado a Lashkar Gah en los últimos meses, cargando con ellos las pocas cosas que pueden transportar en vehículos, en los que además cargan leña y aves.

Algunas familias han sufrido incluso varias veces el desplazamiento, ya que los combates han afectado a distritos que habitualmente eran seguros.

Helmand, una región que produce el 80% del opio del mundo, también es estratégica para los talibanes por el acceso a Pakistán y su cercanía con Irán.

Pero esto no explica cómo cientos de talibanes pudieron hacer frente a las tropas occidentales y a los miles de policías y militares afganos que fueron entrenados por sus aliados desde entonces.

Para algunos expertos, es clave entender el fracaso de las tropas británicas y estadounidenses a la hora de comprender la dinámica tribal de una sociedad ultrafragmentada, donde la presencia de los contingentes extranjeros en el terreno hasta 2014 lo único que hizo fue exacerbar el conflicto.

"Helmand es la ilustración perfecta de un fracaso más político que militar", estimó Stephen Grey, autor del libro "Operation Snakebite" (Operación mordedura de serpiente), que analiza el despliegue de tropas occidentales en Helmand.

"Por no saber comprender las dinámicas tribales de la provincia, nos encontramos sistemáticamente combatiendo en el lado incorrecto, ejecutando alianzas que son consideradas como despreciables por la población", explicó.

- Soldados fantasmas -

La rápida caída de algunos distritos en manos de los talibanes suscitó dudas sobre la capacidad de las fuerzas afganas, debilitadas por varias derrotas, pero también por deserciones y por la corrupción entre los mandos, que cobran por "soldados fantasmas", que sólo existen en el papel.

Para disipar un poco los temores de que Lashkar Gah también caiga, el gobernador de Helmand, Hayatulá Hayat, llamó a centenares de soldados de los distritos aislados para reagruparlos en la capital provincial, una estrategia controvertida para muchos.

Cuando los talibanes ordenaron a los operadores privados que cortaran las redes móviles para evitar ser espiados, éstos obedecieron por miedo a las amenazas.

Hamidulá, un agricultor de 40 años llegó como refugiado a la ciudad, y contó que la situación es más tranquila en las zonas que controlan los talibanes.

"Tengo parientes que se quedaron en el distrito de Nawa y que me dicen: 'ven, ya no hay combates, nadie te extorsiona", contó.

"Si esto empeora, voy a terminar llevando a mi mujer y a mis hijos allí", señaló.

Quince años después del fin del régimen talibán, muchos civiles añoran el orden reinante en la época.

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