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El nuevo dueño del Olympique de Marsella Frank McCourt (I) con la anterior propietaria Margarita Louis-Dreyfus antes de una conferencia de prensa el 29 de agosto de 2016 en Marsella

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Desembarcados en Europa a través de la Premier League inglesa a comienzo de los años 2000, los inversores estadounidenses están a la búsqueda más que nunca de buenas oportunidades de negocio en el fútbol europeo, epicentro del mercado planetario, pese a las dudas existentes sobre su rentabilidad.

"El fútbol es el deporte con más visibilidad en el mundo. Se puede ver durante el Mundial o con la Premier League, que ha creado un fantástico modelo económico", declaró entusiasmado el millonario estadounidense Frank McCourt, el lunes, durante el anuncio de la compra del Olympique de Marsella.

Este es el último ejemplo de una serie de compras de clubes europeos por parte de millonarios estadounidenses, deseosos de salir de las cortapisas de los deportes típicos norteamericanos.

Malcolm Glazer, que en 2003 compró el Manchester United, fue uno de los pioneros de una generación de empresarios que invirtieron en el Arsenal (Stan Kroenke), Fulham y después Liverpool (John W. Henry), Aston Villa (Randy Lerner) o Sunderland (Ellis Short), en una época donde el precio por acceder a la Premier League era aún abordable y las perspectivas de beneficios elevadas.

- La buena reputación de Francia -

Los inversores norteamericanos no se fijaron en el continente que posteriormente, cuando Colony Capital se hizo con la propiedad del París SG entre 2008 y 2011, año en el que el dúo DiBenedetto/Pallotta se hizo con el control de la Roma.

"El precio de los clubes ingleses se ha vuelto tan elevado que esto frena a los inversores norteamericanos", estima Frank Pons, profesor de márketing en la Universidad de Laval (Quebec) y de la Kedge Business School de Marsella. "Tienen los bolsillos profundos, pero no tanto como otros", añadió en referencia a otros inversores ávidos como los procedentes del Golfo o de Rusia, grandes amantes también del fútbol inglés.

Como Alemania no está a su alcance, como consecuencia de una ley que no permite que capital extranjero tenga la mayoría de la propiedad de un club deportivo, Francia se ha convertido en un mercado más barato y menos arriesgado.

En todo caso, menos que España o Italia, donde salvo raras excepciones (FC Barcelona, Real Madrid o Juventus) "la reputación y la capacidad de los clubes y de sus ligas se pone a menudo en cuestión" al otro lado del Atlántico, continuó Pons.

Los norteamericanos, que son gestores sobrios y serios, cuentan ahora con la seguridad de la aplicación del 'fair-play' financiero a nivel europeo y de reglas de buena gestión a nivel nacional, como en Inglaterra.

"No está escrito 'Jeque' delante de mi nombre", previno John W. Henry al adquirir en Liverpool en 2010.

- Aprender el oficio -

Bien gestionado y regulado, el mercado francés ofrece un formidable potencial de desarrollo, sobre todo gracias a los estadios construidos o renovados con motivo de la Eurocopa-2016, pese a que muchos siguen siendo propiedad de los poderes públicos.

"La cultura francesa de la monetización del deporte está menos desarrollada que en Inglaterra y los norteamericanos (campeones en la materia) tienen una gran experiencia a aportar a los clubes franceses", insiste Pons.

Los norteamericanos pueden enseñar mucho en materia de marketing y mercadotecnia, pero también tienen carencias en aspectos como la organización, el juego y la formación.

"El fútbol es el único deporte realmente globalizado y Europa está en el centro del mercado. Implantarse es también aprender el oficio para regresar eventualmente a la MLS (Major League of Soccer, el campeonato norteamericano) que tiene un proyecto económico sólido, pero que aún es débil deportivamente", estima Didier Primault, director del Centro de Derecho y de Economía del Deporte de Limoges.

Aunque los clubes de fútbol no pueden considerarse máquinas de hacer dinero para sus accionistas (excepto los clubes de la Premier League), lo inversores pueden generar destacadas plusvalías con la reventa de sus paquetes accionariales, en caso de una gestión sana.

"Los clubes franceses no son caros (la compra del Marsella se ha estimado en 50 millones de euros). Es cierto que hay que poner mucho dinero para sanearlos, pero en caso de 'boom' a medio plazo de la Ligue 1 o de una revalorización de la marca. representan un interesante potencial a medio y largo plazo", explica Primault.

La marca OM, conocida internacionalmente, ya había provocado el interés de algunos compatriotas de McCourt, especialmente el fondo de inversiones Guggenheim, cuando la entonces propietaria Margarita Louis-Dreyfus anunció la venta del club en abril.

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