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El presidente brasileño, Michel Temer, habla con la prensa luego de una reunión que mantuvo con inversores estadounidenses, el 21 de septiembre de 2016 en Nueva York

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El nuevo presidente brasileño, Michel Temer, se reunió este miércoles con inversores en Nueva York para invitarlos a "participar en la nueva fase" de Brasil, en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Pero su estreno en la ONU y su cortejo a los inversores no han estado ajenos a polémicas y protestas: el martes varias delegaciones abandonaron la sala durante su discurso y el miércoles un grupo de manifestantes lo acusó de fraudulento.

En un almuerzo con inversores, Temer dijo que está "abriendo, universalizando el mercado brasileño" y que la confianza en el país, antes perdida por una severa crisis, "está volviendo rápidamente".

"Los invitamos a participar en esta nueva fase" e invertir en un mercado de 200 millones de habitantes, dijo Temer antes de un almuerzo con ejecutivos en el hotel St. Regis en Manhattan, organizado por el Consejo de las Américas.

Pero las expectativas de que el presidente consiga convencer a los inversores internacionales de que Brasil ahora es estable políticamente "deben ser modestas", opinó Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, un centro de análisis con sede en Washington.

"La respuesta de los inversores dependerá de la capacidad de Temer de navegar a través de la actual crisis política, de recuperar el impulso de la economía, dominar la inflación y reducir el déficit fiscal", explicó a la AFP.

En sus dos años de gobierno -ha dicho que no buscará la presidencia en 2018- el presidente de transición "tal vez pueda estabilizar la economía brasileña, pero las reformas económicas y políticas importantes probablemente tendrán que esperar a su sucesor", dijo Shifter.

- Un poco de movimiento -

Temer tomó las riendas de Brasil de forma definitiva el 31 de agosto, cuando la presidenta de izquierda Dilma Rousseff fue destituida por el Congreso, acusada de violar la Constitución por el manejo irregular de las cuentas públicas.

Desde que asumió como presidente interino en mayo, imprimió un tono conservador a sus políticas de gobierno y prometió severos ajustes para colocar a Brasil nuevamente en la ruta del crecimiento, después de haber cerrado 2015 con una recesión de 3,8%.

Pero frente al lujoso hotel, un centenar de brasileños cantaba consignas y sostenía carteles acusando a Temer de golpista y de conspirador, debido al agitado proceso que lo llevó al poder.

"Vinimos a denunciarlo mientras él está vendiendo al país. Nosotros sabemos que fue un golpe de estado", dijo a la AFP una de las manifestantes, Gabriele De Souza, una cocinera carioca de 42 años.

Cuando se le preguntó en una rueda de prensa posterior al almuerzo sobre tales críticas, Temer respondió que era lógico esperar un poco de "movimiento".

"No me podría imaginar que, después de una fase un poco complicada políticamente, todo el mundo fuera a aplaudir unánimemente (el proceso). No hay duda de que iba a haber oposición, pero eso no perturba mi tesis de pacificación y reunificación del país", respondió.

Desestimó además como insignificante el hecho de que algunas delegaciones abandonaran la plenaria de la Asamblea General de la ONU el martes cuando él daba su discurso inaugural.

"Su discurso tuvo el objetivo de defender la legitimidad de su gobierno", dijo el analista Shifter.

Pero no convenció a los representantes de Costa Rica, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Cuba y Nicaragua, que abandonaron la sala de debates en señal de protesta.

Temer dijo a la prensa el miércoles que no se dio cuenta de este desaire y respondió en tono muy molesto a un periodista que le preguntó al respecto: "Basta leer la Constitución brasileña para verificar que es un gobierno legítimo".

Dijo que de 193 países presentes en la sala, el abandono de un puñado es insignificante.

"Lo lamento porque las relaciones en ese plano no deben ser gubernamentales, de personas. Son relaciones institucionales, de estado a estado, y no de un gobierno hacia otro", afirmó.

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