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Un soldado ucraniano cubierto por la bandera de Israel durante una ceremonia oficial del presidente ucraniano, Petro Poroshenko, y su homólogo israelí, Reuven Rivlin, el 27 de septiembre de 2016 en Kiev

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Ucrania conmemora este jueves los 75 años de la matanza de Babi Yar, a las afueras de Kiev, donde los nazis mataron a más de 34.000 judíos el 29 y 30 de septiembre de 1941, una de las masacres más atroces de la Segunda Guerra Mundial.

Las ceremonias tienen lugar en un momento en el que Ucrania se desmarca de su pasado soviético y reinterpreta la historia sobre el polémico papel de los nacionalistas ucranianos durante la Segunda Guerra Mundial.

A las 15h30 GMT está previsto un acto conmemorativo en el lugar de la masacre en presencia del presidente ucraniano, Petro Poroshenko. El presidente israelí, Reuven Rivlin, canceló su asistencia para regresar a su país tras el fallecimiento del expresidente Shimon Peres.

Este jueves se firmó una declaración de intenciones para la construcción del "primer centro memorial del Holocausto de Babi Yar". "El Holocausto es la página más trágica de la historia del pueblo judío. (...) Juntos construimos una Ucrania en la que no hay cabida para el antisemitismo", declaró Poroshenko.

- Pocos supervivientes aún vivos -

Se difundió un cortometraje, realizado por los organizadores, con el testimonio de supervivientes de Babi Yar.

"Hay poca gente como yo todavía viva. Dentro de poco, nos habremos ido todos y esto se olvidará para siempre. Y en Kiev, donde todo ocurrió, no hay un museo dedicado al Holocausto", declaró en el vídeo Galina Kozira.

Un monumento de 1976 recuerda en el lugar a los "ciudadanos y prisioneros de guerra soviéticos", sin mención alguna a las víctimas judías. En 1991, un mes después de la caída de la URSS, la comunidad judía levantó cerca de allí una escultura en forma de candelabro judío de siete brazos.

Hace tan sólo unos años que Ucrania rememora la matanza, ignorada adrede por las autoridades durante el periodo soviético.

El 29 y 30 de septiembre de 1941, más de 34.000 judíos murieron por disparos de los nazis, que contaron con la ayuda de milicianos ucranianos.

Los nazis, que ocupaban Kiev desde el 19 de septiembre de 1941, difundieron carteles en ucraniano ordenando a "todos los judíos" "congregarse el 29 de septiembre de 1941 hacia las 8 horas de la mañana en el cruce de las calles Melnik y Dokterivska" con su documentación, dinero y ropa de abrigo. "El que desobedezca esta orden será fusilado", advertía el texto. Ellos creyeron que serían deportados.

Decenas de miles de personas llegaron con sus enseres. Había sobre todo ancianos, mujeres y niños. Los mataron con ametralladoras.

Hasta 1943 se llevaron a cabo ejecuciones masivas en ese mismo sitio. Murieron hasta 100.000 personas, entre ellas judíos, gitanos, combatientes de la resistencia y prisioneros de guerra soviéticos.

- Polémica -

Desde la llegada al poder de las autoridades prooccidentales en 2014, Kiev intenta desvincularse de la herencia soviética.

En 2015 promulgó leyes que prohíben los símbolos soviéticos y nazis y condenan a estos dos regímenes. Pero esta misma legislación glorifica a los combatientes nacionalistas que durante un tiempo lucharon junto a los nazis contra las fuerzas soviéticas.

Durante su corta estancia en Ucrania, el presidente israelí, Rivlin, fue blanco de las críticas por haber mencionado en un discurso en el parlamento la implicación de algunos de esos combatientes en las matanzas de judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

"Muchos de los colaboradores de estos crímenes eran ucranianos. Y entre ellos había combatientes de la OUN (Organización de Nacionalistas Ucranianos), que se burlaban de los judíos, los mataron y en muchos casos los entregaron a los alemanes", declaró.

El presidente israelí hizo "una evaluación incorrecta y poco diplomática de algunas páginas trágicas de la historia ucraniana, en particular de la de la OUN", reaccionó la diputada Irina Gerashchenko.

El drama de Babi Yar salió a relucir en los juicios de Nuremberg (sur de Alemania), pero la URSS, de la que formaba parte Ucrania, intentó restar importancia a lo ocurrido para no tener que admitir que las víctimas eran judías.

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