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El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, habla sobre Siria el 4 de febrero de 2016 en Londres

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La búsqueda con Londres de un acuerdo para anclar a Reino Unido en la Unión Europea (UE) alcanza esta semana su momento culmen con una frenética gira del presidente del Consejo Europeo a varias capitales del bloque antes de una decisiva cumbre el jueves y viernes.

Varias de las peticiones de reforma del primer ministro británico, David Cameron, para modificar las condiciones de la membresía de Reino Unido a la UE aún se enfrentan a la oposición de sus socios.

Frente a una situación que calificó como "muy frágil", el polaco Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, decidió la semana pasada cancelar todos sus compromisos para viajar a Berlín, París y Atenas, entre otras capitales europeas, y obtener el consenso necesario para alcanzar un acuerdo.

La perspectiva de que Reino Unido se convierta en el primer país en dejar el bloque de 28 miembros insufla en algunos los peores presagios para la UE, hasta el punto que Tusk advirtió recientemente de que la situación sería como la del "día antes de la Primera Guerra" Mundial.

Desde hace varios años, una serie de crisis han llevado al bloque al borde de la implosión, desde la crisis migratoria, la peor en 70 años, a los renovados cuestionamientos sobre la moneda única.

Las preocupaciones sobre la unidad europea van más allá del Viejo Continente. El sábado, el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, reiteró que Washington respalda un "Reino Unido fuerte dentro de una UE fuerte".

En una reunión el viernes con su homóloga alemana, Angela Merkel, en Hamburgo, el primer ministro británico dijo confiar en llegar a un acuerdo, aunque indicó no descartar nada si no se alcanza. Por su parte, Merkel expresó su deseo de evitar el llamado 'Brexit' en un referendo que Cameron prometió organizar.

- "Freno de emergencia" -

Tres años después que David Cameron pidiera por primera vez reformas a la UE y anunciara un referéndum sobre la permanencia de su país en el bloque, los 28 mandatarios están ahora en la recta final de las negociaciones sobre la base de las propuestas que presentó Tusk el mes pasado y en las que cada palabra cuenta.

Las reuniones del presidente del Consejo Europeo con Merkel, el francés François Hollande o el griego Alexis Tsipras, así como con otros el lunes y el martes, tienen por objetivo resolver los "temas pendientes" sobre los que no encontraron un acuerdo los negociadores en Bruselas, indicaron fuentes europeas a la AFP.

Uno de ellos es el "freno de emergencia" que permitirá a Londres limitar los beneficios sociales por cuatro años a los ciudadanos de la UE recién llegados a territorio británico. Los países del Este del bloque, muchos de cuyos ciudadanos trabajan en Gran Bretaña, denuncian que esa propuesta sería discriminatoria. De aprobarse, vulneraría el principio de la libertad de movimiento, uno de los fundamentos de la Unión Europea. El principal punto de discordia es por cuánto tiempo Reino Unido podría excluir a los inmigrantes europeos de beneficios sociales. Londres quiere siete años.

En un intento por allanar el camino, Tusk se reunirá esta semana con el primer ministro checo, Bohuslav Sobotka, actual presidente del grupo de Visegrado, compuesto además por Polonia, Hungría y Eslovaquia. Los cuatro países se oponen a esta propuesta.

- Euro y migrantes -

Otro escollo ha surgido en el camino de Cameron en los últimos días. Su petición de proteger a los países que no utilizan el euro como moneda, como Gran Bretaña, de cualquier decisión que tomen en la zona euro hacia una mayor integración despertó la animosidad de Francia, especialmente. Para París, los países que no utilizan el euro no pueden tener derecho a veto sobre las decisiones de los 19 que utilizan la moneda única, que batallan para salvarla desde la crisis financiera de 2008. Para el Gobierno francés, la City de Londres, una de las plazas financieras más importantes del mundo, no debería tener un trato especial.

En Bruselas, no descartan tampoco la posibilidad de que el griego Tsipras o el italiano Matteo Renzi, enfrentados en sus países a la llegada masiva de migrantes en un contexto económico moroso, busquen concesiones a cambio de un respaldo a un acuerdo sobre las peticiones de Londres.

Cameron también quiere una garantía de que el objetivo comunitario de obrar "siempre por una unión cada vez más estrecha" no se aplique a Gran Bretaña, reflejando así la histórica división entre la visión británica de la UE como un área de libre comercio y la idea continental de un proyecto político.

Aunque David Cameron se comprometió a organizar un referendo antes de que termine 2017, busca un acuerdo en esta cumbre del jueves y viernes en Bruselas para poder organizar la consulta en junio, antes de que vuelva a estallar la crisis migratoria con el verano y que los euroescépticos, dentro y fuera de su partido, vuelvan a hacerse escuchar.

Los sondeos no dan una clara idea sobre la intención de los británicos, si quedarse o no en la UE. La última consulta sobre el tema fue en 1975, cuando debieron decidir sobre su permanencia en lo que entonces se conocía como Comunidad Económica Europea.

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AFP