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Un niño con una peluca de Donald Trump sostiene un cartel de campaña del entonces candidato republicano durante un mitin en el campus de una universidad de Colorado (EEUU), el 30 de octubre de 2016

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La generación 'snowflake' ('copo de nieve'): aquella formada por quienes se hicieron adultos en los años 2010, percibidos como menos resistentes y más susceptibles de sentirse agraviados que las generaciones precedentes.

Tal es la definición que figura en el diccionario inglés Collins para este término peyorativo, empleado en Estados Unidos por los conservadores y partidarios de Donald Trump con el propósito de mofarse de sus adversarios de izquierda, descritos como quejicas alérgicos a la libertad de expresión. 'Copos de nieve', tan sensibles y frágiles que se disuelven al escuchar el más mínimo discurso antagónico.

En la gran conferencia anual de los conservadores estadounidenses, la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), que se desarrolla esta semana cerca de Washington, estudiantes provenientes de los cuatro rincones del país participan en talleres en los que aprenden a expresar sus puntos de vista en una época en la que, según ellos, impera lo "políticamente correcto".

"Ser conservador en un campus es igual a ser gay en otros tiempos", valora Max Ortengren, de 23 años, vicepresidente de los republicanos de la Universidad Florida Gulf Coast. "Se tiene miedo de asumirse como tal".

Esta guerra cultural ha dado a luz a un nuevo vocabulario.

Estudiantes que pertenecen a minorías étnicas o sexuales han reclamado durante los últimos años 'espacios protegidos' ('safe spaces') en los campus, donde las palabras intolerantes estén prohibidas.

Otros reclaman que se hagan advertencias ('trigger warnings') cuando las ideas expresadas en un curso o en una obra de teatro puedan herir algunas sensibilidades.

Los defensores conservadores de la libertad de expresión asimilan estas precauciones a un rechazo a debatir y a una tentativa de acallar las opiniones minoritarias entre los estudiantes.

Max explica que esperó dos semanas antes de promover en su escuela un evento organizado con el 'lobby' de las armas de fuego, por temor a que estudiantes de izquierda lo bloquearan.

Chloe, de 21 años, aún se encuentra estupefacta por la irrupción de un puñado de estudiantes para denunciar el racismo de Donald Trump a una conferencia del conservador homosexual y provocador Milo Yiannopoulos en un campus de Chicago el año pasado. Los manifestantes ocuparon el escenario y obligaron a los organizadores a suspender el encuentro.

"Esto se ha descontrolado", se lamenta. "¡Para nosotros, la CPAC es un 'espacio protegido'!"

- "Estudiantes mimados" -

En una de las salas del centro de convenciones, Casey Mattox anima un taller titulado 'Comprender los derechos en un campus'. "Mi trabajo consiste en demandar a vuestra universidad ante la justicia", anuncia.

Su organización, la Alianza de Defensa de la Libertad, se especializa en el derecho a la libertad de expresión y asociación de los estudiantes cristianos, republicanos o defensores de la tenencia de armas, y se ocupa de los reglamentos internos de las instituciones educativas que eventualmente violen esos derechos.

"Los izquierdistas que dominan la mayoría de los campus saborean la ventaja que tienen sobre los estudiantes y abusan de su poder para adoctrinarlos en la ideología socialista", afirma ante los cerca de 40 estudiantes que asisten a su exposición.

Este abogado se presenta como un defensor de las "zonas de libertad de expresión" establecidas en la universidad y de los permisos previos para cualquier reunión o asamblea, y reivindica 300 victorias ante tribunales de todo el país.

En una sala vecina, Micah Pearce, estudiante de último año de la Liberty University, renombrada institución evangélica, habla de las tácticas de militancia eficaz: estar presente en el terreno, invitar a conocidos conferencistas conservadores (...) y filmar eventuales enfrentamientos con contramanifestantes, ya que un poco de publicidad nunca está de más. "Quieren silenciar todo lo que ustedes quieren decir", asegura.

Desde la victoria de Donald Trump en noviembre, la expresión 'copo de nieve' no ha dejado de extenderse.

Durante las manifestaciones anti-Trump, su directora de campaña, Kellyanne Conway, se burló de los jóvenes deprimidos por la derrota de Hillary Clinton llamándolos "bonitos copos de nieve".

No obstante, el malestar generado por el desarrollo de la cultura de lo 'políticamente correcto' no se expande únicamente entre los conservadores.

En septiembre de 2015 el entonces presidente del país, el demócrata Barack Obama, reprendió a unos estudiantes que intentaron impedir que se expresaran conferencistas de derechas.

"No comparto la idea de que los estudiantes deban ser mimados y protegidos de puntos de vista diferentes", explicó. "Si no están de acuerdo con alguien, tienen que ser capaces de debatir con él. No deben hacerlo callar", sentenció.

En los pasillos de la CPAC, los participantes se niegan, sin embargo, a aplicar la definición de 'copo de nieve' al propio Donald Trump, quien se queja regularmente en Twitter de ser objeto de las críticas de los medios o de celebridades como Meryl Streep.

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AFP