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Una siria mira una tienda de Qamishli, en el noreste del país, que vende productos de San Valentín el 13 de febrero de 2017

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Astaná y Ginebra acogerán nuevas negociaciones para intentar acercar posiciones entre el régimen y los rebeldes para poner fin a la guerra en Siria, que pronto entrará en su séptimo año, pero el abismo es enorme.

¿Cuáles son las negociaciones previstas?

La reunión del miércoles y jueves en Astaná será la continuación de la celebrada en enero en esta ciudad por iniciativa de los aliados del régimen sirio, es decir, Rusia e Irán, y de Turquía, que apoya a los rebeldes.

El Ministerio de Relaciones Exteriores kazajo afirmó que también se ha invitado a representantes del Gobierno y de los grupos rebeldes, así como al emisario de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, y a varios diplomáticos estadounidenses.

Astaná será una oportunidad para "hacer un balance sobre el compromiso de las distintas partes en frenar el uso de la fuerza y promover el proceso político", explicó el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguei Lavrov.

La negociación tendrá un carácter "puramente militar", según una fuente siria.

Por el contrario, la reunión de Ginebra que arranca el 23 de febrero bajo los auspicios de la ONU se centrará en los aspectos políticos de la crisis, como el futuro del presidente Bashar al Asad.

Moscú asegura que el proceso en Kazajistán complementa el diálogo de Suiza, pero algunos expertos creen que Rusia y Turquía quieren que la "vía de Astaná" sea una alternativa a la de Ginebra.

"En teoría, Astaná es complementaria de Ginebra, pero en la práctica parece un medio para que Turquía, Rusia y en cierta medida Irán intenten concebir una solución política mutuamente satisfactoria", apunta Sam Heller, un investigador del 'think-tank' Century Foundation.

¿Quién participa?

El Gobierno sirio anunció su participación en Ginebra, donde su delegación estará encabezada por el embajador sirio en la ONU, Bashar al Jaafari.

Este fin de semana, el principal componente de la oposición comunicó una lista de 21 miembros de su delegación, entre ellos 10 representantes de los grupos insurgentes. Otras formaciones opositoras declinaron asistir.

La delegación estará presidida por Nasr al Hariri, un cardiólogo de 40 años, de Deraa (sur).

El jefe de los negociadores será el abogado Mohamad Sabra, próximo a Turquía, que sustituye a Mohamad Alluche, representante de Jaysh al Islam (Ejército del Islam).

Este grupo rebelde, muy influyente en la región de Damasco, asegura participar en la delegación en calidad de asesor.

El Alto Comité de Negociaciones (HCN) afirma que la delegación representa a todas las corrientes de la oposición, sobre todo a los grupos de El Cairo y de Moscú, pero estos últimos lo desmintieron.

La participación en las negociaciones de Astaná es más confusa. Lo único seguro es que la delegación gubernamental liderada por Jaafari ya se encuentra en la capital kazaja.

Al menos tres grupos rebeldes que participaron en la primera reunión de Astaná declararon a la AFP que no fueron invitados a la segunda.

La oficina de De Mistura anunció el envío de un "equipo técnico" y Jordania a observadores. Washington todavía no ha comunicado qué hará.

¿Cuáles son los obstáculos?

El principal objetivo de Astaná era reforzar el alto el fuego en vigor desde el 30 de diciembre.

Pero como la participación de los rebeldes es incierta y la primera reunión no ha aportado grandes resultados, se duda de que el encuentro de esta semana desemboque en avances para la paz.

El único progreso es que el régimen sirio dice estar dispuesto a canjear a presos por rehenes en manos de los rebeldes.

En Ginebra, las divergencias entre los dos bandos son considerables, en particular en lo referente al futuro del presidente Al Asad. La oposición exige su partida y esto para el régimen no es negociable.

Turquía parece haber suavizado su postura, pero la oposición no parece seguirla por ese camino.

Además, el régimen se encuentra en posición de fuerza después de su victoria en Alepo y no parece dispuesto a hacer concesiones.

"Sigo pensando que los progubernamentales (...) no quieren hacer concesiones. Se inclinan más bien por pedir a los rebeldes que se rindan y presentarlo como un acuerdo político", adelanta Thomas Pierret, un experto en Siria de la universidad de Edimburgo.

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