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Turistas británicos varados en el balneario egipcio Sharm el Sheij el 7 de noviembre de 2015

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Mohamed Mansur teme que los turistas rusos que abandonaban el sábado su hotel de lujo en Sharm el Sheij sean los últimos en mucho tiempo, después que Rusia prohibiera los vuelos hacia Egipto cuando la tesis del atentado contra el avión ruso se consolida día a día.

Una semana después de que el Airbus A321 operado por la aerolínea rusa Metrojet se estrellara 23 minutos después de su despegue de esta localidad turística con 224 personas a bordo, Vladimir Putin parece considerar también la tesis expuesta por Londres, Washington y casi todos los expertos sobre la explosión de una bomba a bordo.

El presidente ruso anunció el viernes por la noche que Moscú prohibía todos los vuelos hacia Egipto hasta nueva orden.

"Estamos en shock. Casi el 50% de mis clientes son rusos y esto ocurre justo antes de la temporada alta de las vacaciones de Navidad", lamenta Mansur.

La tesis del atentado, que el grupo yihadista Estado Islámico (EI) reivindicó en represalia a los bombardeos rusos en Siria, ha cobrado fuerza y ha obligado a otros países a suspender sus vuelos hacia Sharm el Sheij o a desaconsejar a sus ciudadanos acudir.

El anuncio ruso, sin embargo, podría representar el golpe de gracia para una de las joyas turísticas egipcias a orillas del mar Rojo, que atrae cada año a millones de aficionados al submarinismo y a broncearse al sol.

Según Moscú, 80.000 rusos se encontraban en Egipto el sábado.

"Desde la revolución de 2011, alemanes, franceses y europeos ya eran menos numerosos", explica Mansur, quien acoge todavía a más de 100 rusos en su hotel. "Si ahora los rusos ya no vienen, Sharm el Sheij estará condenada", lamenta.

La sombra del drama planea todavía en su establecimiento cinco estrellas. Nueve de los pasajeros fallecidos en la tragedia habían pernoctado allí, entre ellos una mujer y sus dos hijos.

Cientos de turistas rusos se armaban el sábado de paciencia en el aeropuerto de Sharm el Sheij, con la mirada fija en los paneles de salidas a la espera de embarcar lo más rápido posible.

"Lo que le pase al turismo egipcio no me interesa. Yo quiero simplemente regresar a mi casa de manera segura", confiesa Alessandra Kondratieva.

- Un caos -

"Los rusos toman las decisiones de su gobierno muy en serio", estima un responsable de una empresa extranjera, que quiso conservar el anonimato. "A corto plazo, el turismo en Sharm se verá afectado", lamenta.

En 2005, esta localidad costera había sido el escenario de una serie de explosiones que dejaron casi 70 muertos, pero los turistas regresaron después progresivamente.

Un 20% de los turistas rusos escogen Egipto como su destino de vacaciones, según responsables de turismo en Moscú, que evocan sin embargo un descenso de los viajes desde la destitución en 2013 del presidente islamista Mohamed Mursi a manos del ejército y los enfrentamientos posteriores.

Desde entonces, las fuerzas de seguridad son el blanco de ataques, especialmente en la península del Sinaí, donde se estrelló el avión de Metrojet y donde la rama egipcia del EI tiene su bastión. Esta organización reivindicó la caída del avión, pero sin precisar cómo lo hizo.

Las compañías aéreas encargadas de las repatriaciones estaban este sábado en el punto de mira de los turistas, presentes de manera masiva en el aeropuerto.

"Mirad este caos. Nadie sabe nada", critica Bhuvesh Patel, un banquero de Londres atrapado allí junto a su hijo de tres años y su mujer embarazada.

Esta tragedia podría asestar otro terrible golpe al turismo en Egipto, tras las consecuencias de años de inestabilidad desde que una revuelta popular tumbara el régimen de Hosni Mubarak en 2011.

En 2014, diez millones de turistas visitaron el país de los faraones, frente a los 15 millones de 2010. La mayoría de ellos escogieron Sharm el Sheij, atraídos por sus playas, sus hoteles de lujo y su vida nocturna.

Sharm el Sheij, que hasta el momento no había sufrido la amenaza yihadista como el norte de la península del Sinaí, parece sumirse ahora en la inestabilidad del país.

AFP