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Un hombre contempla los estragos provocados por el lodo y los residuos mineros en el pueblo de Bento Rodrigues, Brasil, tras la ruptura de los dos diques que contenían dichos materiales, el 6 de noviembre de 2015

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Bento Rodriguez se convirtió en un pueblo fantasma en cuestión de minutos. Un mejunje de desechos mineros y agua dejó las casas en el esqueleto e impuso el silencio desolador de la evacuación y la muerte.

Primero colapsó el dique de un embalse con 55 millones de metros cúbicos de mineral de hierro, luego otro con 7 millones de m3 de agua. Y, como quien vierte una jarra, la mezcla ocre cubrió lo que alguna fue este poblado ubicado en el estado de Minas Gerais (sudeste de Brasil), hogar de 620 familias.

Casas sin techo chorreando barro; un auto como de juguete balanceándose encima de un muro, y ni rastros de lo que fuera alguna calle.

¿Cuántos murieron, cuántos están desaparecidos, cuál es el daño ambiental? Las autoridades aseguran que es muy temprano para cerrar números, pero todo el día las autoridades sobrevolaron el área y decenas de rescatistas buscaron vida entre los escombros barrosos, inclusive bajo un intenso diluvio.

Hasta ahora hay 17 muertos, según Adao Severino Junior, el comandante de bomberos de Mariana, la ciudad más cercana a Bento Rodrígues, a unos 23 km. Aunque su alcalde, Duarte Junior, da cuenta de tan solo un fallecido y de 14 desaparecidos, todos trabajadores de la mina que mantenía estos depósitos.

Pero un censo entre las familias ya las muestra incompletas y se teme que algún niño de la escuela devastada pueda engrosar la lista.

- ¿Y la sirena? -

Un pequeño temblor pudo haber sido la señal necesaria para evacuar la ciudad a tiempo. Pero al ser revisado el dique, no se detectó ninguna anomalía, aseguró la propietaria de la mina, Samarco.

Una hora después, colapsó.

"Fue desesperante, oímos un ruido inmenso, un gentío gritando para que saliera todo el mundo, tratamos de tomar algunas cosas y correr en la dirección más alta", dijo a la AFPTV Edirleia Marques de Santos, de 38 años, cuando salía de Bento Rodrigues para volver quién sabe cuándo.

El plan de emergencia de Samarco no incluía una sirena para ordenar la evacuación del pueblo en caso de un accidente de este tipo. La empresa optó entonces por llamar por teléfono a Defensa Civil, algunas familias y líderes comunitarios.

A Marques de Santos la llamada nunca le llegó.

"Fue instantáneo, nadie avisó nada. Oímos el ruido, el agua venía, no daba tiempo de nada", aseguró.

Un video que circula en redes sociales muestra un camión haciendo las veces de sirena, bocinando desesperado para que la gente salga mientras una humareda comienza a apoderarse de todo.

La primera reacción de la gente fue buscar un refugio fuera del valle donde queda Bento Rodrigues.

El comandante general de los bomberos de Minas Gerais, coronel Luiz Gualberto Moreira, informó que varios rescatistas pernoctaron aquella noche del jueves con grupos de 30 personas.

Hasta ahora fueron rescatadas 500 personas.

- ¿Un nuevo hogar? -

Valeria de Souza, de 20 años, bajó de un bus escolar con un niño en los brazos. Sus ojos llorosos veían con incredulidad que su hogar pasaría a ser un colchón en el gimnasio de Mariana.

"Es un milagro que estemos con vida", dijo a la AFP con la voz cortada, antes de entrar con paso lento a su nueva casa. Le acompañaron otros siete familiares, incluido otro niño y una anciana.

Cientos de voluntarios atienden este centro, mientras en un edificio cercano otro tanto recibe la ropa y alimentos donados por gente solidaria.

La minera Samarco -propiedad a partes iguales de la brasileña Vale y la australiana BHP Billiton- dijo este viernes que estudia colocar a muchas de estas familias en hoteles mientras se decide si es posible o no reconstruir las casas.

"Muchos han dicho que no quieren volver", adelantó el alcalde de Mariana.

En la alfombra de barro en que se convirtió Bento Rodrigues, y que se extendió a otros cinco poblados a decenas de kilómetros de allí, los rescatistas de uniformes naranjas trabajaban sin cesar.

Un momento de celebración fue cuando consiguieron sacar a un potrillo atrapado en el fango.

"Fue difícil, peligroso porque no hay estabilidad, es riesgoso (...) pero damos gracias a Dios porque es otra vida que estamos salvando", se felicitó el subteniente Selmo de Andrade, del cuerpo de bomberos.

AFP