Las protestas se reanudaron con más intensidad este miércoles en Bagdad y en el sur de Irak contra las autoridades, que también son objeto de una creciente presión de las Naciones Unidas en favor de reformas.

Desde el 1 de octubre murieron más de 300 personas, en su mayoría manifestantes. Ante esas muertes, el aumento de la represión, los arrestos e intimidaciones, la movilización se detuvo unos días.

Pero este miércoles, la plaza Tahrir de Bagdad, epicentro de las protestas, se llenó de nuevo, especialmente tras el llamado a la huelga general de los profesores.

"Estamos aquí para apoyar a los manifestantes y sus reivindicaciones legítimas", afirmó el docente Aqil Atchane en Tahrir.

En Basora, ciudad petrolera y costera, unos 1.000 estudiantes volvieron a levantar su campamento ante el consejo provincial, luego de que las fuerzas del orden incendiaron sus tiendas hace una semana.

En Nasiriya y Diwaniya, en el sur agrícola, las escuelas permanecen cerradas desde hace semanas.

Para muchos manifestantes del sur chiita, el gran ayatolá Ali Sistani, figura tutelar de la política iraquí, dio un nuevo impulso al movimiento el lunes, al considerar que "los manifestantes no pueden regresar a sus hogares sin las reformas necesarias".

- ¿Una reorganización? -

"Si ordena la desobediencia civil para todos, todo cerrará, el gobierno, las compañías petroleras, todo. Es así como llegaremos a una solución", asegura otro manifestante en Tahir.

Los manifestantes reclaman una nueva Constitución, una renovación del sistema político y la clase dirigente para terminar con "los ladrones" y "los corruptos" en el país, uno de los más ricos en petróleo en el mundo.

Frente a la crisis, la jefa de la Misión de Asistencia de la ONU en Irak (Unami), Jeanine Hennis Plasschaert, presionó al presidente del Parlamento, Mohamed al Halbusi, y a los líderes de los bloques parlamentarios para "actuar ahora".

"La confianza del público está en su nivel más bajo" y los dirigentes "deben rendirle cuentas", afirmó a la AFP. Hay que "comenzar a aplicar una serie de reformas clave", sino "la dinámica se perderá".

Pero Hennis Plasschaert ya obtuvo el respaldo del ayatolá Sistani al plan que prevé revisar la ley electoral y enmendar la Constitución.

El gobierno entregó al Parlamento un proyecto de ley electoral presentado como su principal reforma, pero el texto aún no figura en la agenda de la Asamblea.

Los diputados por su parte se contentaron con votar más leyes para controlar la economía y decidieron convocar a dos ministros, lo que podría suponer la reorganización anunciada por el primer ministro Adel Abdel Mahdi.

- "Un enorme vacío" -

Irak atraviesa su primer movimiento social espontáneo, que en un principio socavó fuertemente al poder, pero los dirigentes han cerrado filas para retomar el control.

El primer ministro Adel Abdel Mahdi dejó de explicar porqué no dimitiría. El presidente Barham Saleh, que mantuvo perfil bajo durante un tiempo, aparece ahora junto a él y la mayoría de los partidos gobernantes se han reunido recientemente.

A petición del poderoso general iraní Qassem Soleimani, que interviene regularmente en los asuntos iraquíes, se pusieron de acuerdo para poner fin a la contestación, incluso recurriendo a la fuerza.

Hennis Plasschaert, que afirmó que no había reaccionado a la creciente influencia de Irán, señaló en cambio que "muchos actores, exteriores e interiores, podrían ser los alborotadores".

Desde el acuerdo, 18 manifestantes han resultado muertos, muchos de ellos por municiones reales, según fuentes médicas.

El líder chiita Moqtada Sadr, que inicialmente abogaba por la caída del gobierno, pidió el miércoles al parlamento que apruebe reformas radicales, al tiempo que pide a los iraquíes mantener la presión.

Sin embargo, advirtió en Twitter, pareciendo atenuar sus llamados anteriores, que son necesarios "medios inteligentes" para "renovar" a los líderes gobernantes y evitar un "enorme vacío".

En Bagdad, el presidente de la región autónoma del Kurdistán iraquí, Neshirvan Barzani, se reunió con Abdel Mahdi, Saleh y Halbusi. Los kurdos -cerca del 20% del Parlamento- se oponen a una reforma constitucional que modificaría su estatuto de autonomía.

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