¿Puede Michael Bloomberg, uno de los hombres más ricos del mundo, ganar las presidenciales en Estados Unidos gracias a su fortuna? Su entrada en liza promete aumentar las apuestas en esta maratón y avivar el debate sobre la preeminencia del dinero en los comicios.

Uno de sus consejeros lo dijo el sábado: el exalcalde de Nueva York, que posee una fortuna de 50.000 millones de dólares, está dispuesto a gastar "todo lo que sea necesario para ganarle a Trump" en noviembre de 2020.

Contrariamente a lo que sucede en muchos países europeos, en Estados Unidos no hay límite a los gastos que un candidato puede tener, subraya Jacob Neiheisel, profesor de ciencia política de la Universidad de Buffalo.

La ley estadounidense prohíbe a un individuo donar más de 2.800 dólares a un candidato, pero nada impide a un candidato financiar su propia campaña, o como a Michael Bloomberg o a otro multimillonario en liza, el californiano Tom Steyer, gastarse en ello su fortuna.

Quienes no son ricos también pueden gastar cientos de millones de dólares gracias a los "super PACs", los "comités de acción política" que pueden financiarles de manera ilimitada mientras no coordinen su acción con el equipo del candidato.

Los principales candidatos prefieren por ello renunciar al sistema federal de financiación pública de las campañas, que les obligaría a limitar sus gastos, aunque esto implique "recaudar mucho dinero" para pagar a sus equipos y comprar avisos publicitarios, explica Ester Fuchs, profesora de ciencia política de la Universidad de Columbia y exasesora de Bloomberg.

Al anunciar el domingo su candidatura a la investidura demócrata, Bloomberg batió un primer récord: compró spots televisivos por 33,5 millones de dólares en una veintena de estados del país esta semana, batiendo el récord semanal fijado por el presidente Barack Obama en 2012, con 25 millones, según la sociedad especializada Advertising Analytics.

Antes ya había anunciado que también superaría los 100 millones de dólares en publicidad en línea contra el presidente Donald Trump.

- Cabilderos perversos -

Bloomberg destaca que al utilizar su fortuna, evita la influencia perversa de los grupos de presión.

Trump se valió del mismo argumento en 2015-2016. El mandatario, el primer multimillonario en disputar la presidencia, había anunciado inicialmente que financiaría su propia campaña y por tanto no le debería un peso a nadie.

Si bien sacó 66 millones de dólares de su bolsillo, terminó aceptando muchas contribuciones, incluido de grandes donantes, recuerda Brendan Fischer, experto de la organización Campaign Legal Center que supervisa el respeto de las leyes electorales.

Aunque Bloomberg cumpla con su palabra, sus rivales demócratas Elizabeth Warren y Bernie Sanders, que denuncian sin cesar la influencia de los multimillonarios y defienden mayores impuestos a las fortunas para financiar la salud pública o para eliminar las deudas de estudiantes universitarios, ya lo acusan de "comprar la elección".

Primero Sanders y luego Warren tornaron en argumento electoral el rechazo de las contribuciones de los cabilderos, acusados de "corromper" la democracia estadounidense. Y este argumento "parece hallar un eco entre los electores", subraya Fischer.

Los dos candidatos compensan pidiendo contribuciones a sus partidarios permanentemente. A fines de septiembre encabezaban la recolección de fondos, con 25 millones de dólares cada uno.

Una señal de que los demócratas quieren alentar una financiación que parta de la gente es que los candidatos deben reunir cientos de miles de donantes como condición para participar en los debates televisivos.

Para estar en el debate del 20 de diciembre, hay que probar que uno recibió contribuciones de al menos 200.000 donantes diferentes. Para algunos como el senador de Nueva Jersey Cory Booker esto es un desafío: en el debate del 20 de noviembre imploró a sus seguidores a ayudarlo a permanecer en liza contribuyendo a su campaña.

Al renunciar de antemano a las donaciones, Bloomberg parece excluirse de los debates previos a las primarias que comenzarán en febrero, salvo si los criterios de selección cambian.

Pero poco importa, ya que su dinero le basta para ser un candidato "viable", subraya Neiheisel. Teóricamente puede permanecer en la carrera todo el tiempo que desee.

La entrada tardía en la carrera de un multimillonario como Bloomberg podría tener asimismo como consecuencia inmediata el retraso de la aparición de un favorito entre los 18 candidatos demócratas en liza, según los expertos.

Otra cosa importante: el dinero nunca bastó para ganar una elección, aseguran los expertos al recordar que Hillary Clinton perdió en 2016 luego de haber gastado cerca de 600 millones de dólares, dos veces más que Trump.

El dinero "es una precondición necesaria" pero "no puede reemplazar ideas que satisfagan o una candidatura que inspire", subraya Fischer.

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