Estados Unidos congeló las importaciones de tabaco de Malaui por sospechas fundadas de trabajo infantil, un inesperado y duro golpe que pone en peligro la principal fuente de ingresos de este país africano.

La noticia llegó sin previo aviso a través de un comunicado de la aduana estadounidense anunciando que los productos que contienen tabaco procedentes de Malaui iban a ser "retenidos en todos los puntos de entrada" del país a partir del 1 de noviembre.

¿La razón?. "Las informaciones (...) sugieren que el tabaco de Malaui se produce mediante trabajo forzoso, especialmente de niños", explica el comunicado.

Para los productores malauíes, ya debilitados por la caída de la demanda mundial provocada por las campañas antitabaco, la decisión de Estados Unidos fue como una ducha fría.

"Estamos desconcertados", explica Alick Yagontha, que lleva 20 años cultivando tabaco en Rumphi (norte). "Entendemos que ya no podremos vender nuestras hojas (...) No hay futuro para el tabaco en Malaui".

Según el Centro de Inversiones y Comercio (MITC) de Malaui, el tabaco representa la principal fuente de divisas (53%) de uno de los países más pobres del mundo y contribuye al 25% de sus ingresos fiscales.

La venta de hojas en bruto de la variedad Burley, de la cual este país produce el 6,6% del volumen mundial, reportó 232 millones de dólares en 2017, según el Banco Central.

Las sanciones de Estados Unidos cayeron al día siguiente del inicio de una investigación por trabajo forzoso contra el número uno mundial del cigarrillo, British American Tobacco (BAT), en nombre de 2.000 cultivadores de Malaui, de los cuales cientos eran niños.

-Rendición de cuentas-

En una carta dirigida a BAT con anterioridad a la denuncia, la firma de abogados londinense Leigh Day le reprochó un "enriquecimiento injusto" gracias al trabajo de campesinos "muy mal pagados" y "que no tienen otra opción que hacer trabajar a sus hijos".

"Ya es hora de que las multinacionales que se ganan la vida a costa de asalariados explotados rindan cuentas", denunció uno de los abogados, Oliver Holland.

"No toleramos ni recurrimos al trabajo infantil", aseguró por su parte un portavoz del tabaquero, Simon Cleverly, a la AFP. "El bienestar, la salud y la seguridad de los niños son siempre para nosotros de una importancia capital", añadió.

Una encuesta publicada en 2017 por la Oficina Nacional de Estadística reveló que más de un tercio (38%) de los niños de 5 a 17 años del país se veían obligados a trabajar, especialmente en el tabaco.

"A veces, nuestros miembros piensan hacer lo correcto sin saber que sus prácticas implican el trabajo infantil", reconoce Betty Chinyamunyamu, directora de la asociación de pequeños productores (NSFAM). "Entonces les enseñamos la diferencia entre un pequeño empleo y el trabajo real", explica.

El ministro de Agricultura, Kondwani Nankhumwa, asegura que se han realizado progresos. "El 80% del tabaco de Malaui se produce al amparo de un Sistema de Producción Integrada (IPS) libre de todo trabajo forzoso o de trabajo infantil", afirma.

"El gobierno se comprometió a proteger el sector, si es necesario cambiando su política". "No hay ninguna prohibición (...). Los estadosunidenses presionan para que se respeten las reglas", asegura el ministro, quien afirma que se han abierto negociaciones con Washington para intentar aligerar el embargo.

Mientras tanto, el impacto de la congelación estadounidense sigue siendo difícil de evaluar.

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