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Exterior de la sede del gigante del gas ruso Gazprom, en Moscú el 30 de junio de 2017

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El persistente auge del gas de esquisto norteamericano convertirá a Estados Unidos en exportador neto de gas, empujando a las compañías de ese país a la conquista de nuevos mercados y a competir con Rusia en su dominio europeo.

Las sanciones aprobadas esta semana por el presidente estadounidense, Donald Trump, contra Rusia podrían afectar al sector de la energía, hasta ahora dejado de lado de las represalias comerciales aplicadas tras la crisis ucraniana.

A pesar de las palabras tranquilizadoras de la administración estadounidense, las últimas medidas aprobadas por Washington pusieron sobre la mesa el tema del suministro de gas en Europa.

Las entregas de gas ruso en Europa se mantuvieron en el primer trimestre del año cercanas a niveles récord y representaron un 41% de sus importaciones, según un informe de la Comisión Europea.

Por su lado, la producción estadounidense de gas natural aumenta desde 2005 más rápido que el consumo y Estados Unidos pasará oficialmente de ser importador a ser un exportador neto el año próximo, según un informe del departamento de Energía estadounidense (DoE).

- Expediciones en barco -

Para exportar ese gas, Estados Unidos no disponía hasta el año pasado más que de gasoductos con sus vecinos Canadá y, sobre todo, México, hacia los cuales exportaba ampliamente (con excepción de algunos barcos que parten puntualmente de Alaska).

Pero la compañía Cheniere Energy inauguró el año pasado una primera terminal de licuefacción del gas en Sabine Pass, Luisiana, en el sur de Estados Unidos. Permite exportar gas con barcos metaneros y desde que fue puesta en servicio, un 13% de las expediciones tenían Europa como destino.

Otros cuatro proyectos están en marcha en Texas y en Maryland, sobre la costa este, y hacen de Estados Unidos el país de mundo que más desarrolla ese tipo de infraestructuras, según un informe de Energy Ventures Analysis.

"Inicialmente una gran parte del gas natural estadounidense exportado en barcos se dirigía a Asia", donde los precios eran más altos que en Europa, pero luego "convergieron", explica Stewart Glickman, analista de asuntos energéticos de CFRA.

Como los costos de transporte a Europa son más bajos, eso estimuló las exportaciones hacia el Viejo Continente. Incluso contando el costo de atravesar el Atlántico sigue siendo competitivo respecto a la producción local.

"Por el momento, las exportaciones a la parte mediterránea de Europa son ampliamente mayoritarias, pero comienzan a aumentar (las que se dirigen) al norte y a la región del Báltico", explicó Ira Joseph, responsable del sector gasífero y energético en S&P Global Platts.

- Más competencia -

Durante un viaje oficial en junio el presidente estadounidense se felicitó de la primera entrega en Polonia de un barco cargado de gas proveniente de Estados Unidos.

"Es un gran cambio para el mercado. Habrá más competencia" frontal con el gas ruso, destaca Ira Joseph.

"Gazprom no tolerará un reducción brusca de su parte de mercado", advierte sin embargo Clint Oswald de Bernstein Research en un mensaje electrónico a la AFP. Recuerda que el gigante ruso del gas firmó contratos de largo plazo con Europa, y sigue ofreciendo el producto más barato.

Sin reemplazar completamente el gas ruso, la opción estadounidense se trata "de tener una alternativa creíble que permita a los europeos tener un mayor control sobre los precios", explica Michael Schall de Energy Ventures Analysis.

El gas estadounidense aporta mayor competencia en Europa, donde Noruega, Argelia y Catar, entre otros proveedores, también se disputan el mercado.

No obstante, una vez inauguradas todas las infraestructuras en Estados Unidos, la capacidad de exportación por barco no bastará para reemplazar los 160.000 a 180.000 millones de metros cúbicos de gas ruso importados cada año por los europeos.

Para Ira Joseph, el gas estadounidense suplantará primero las producciones locales, particularmente la británica y la holandesa, que comienzan a declinar, y a más largo plazo, la noruega.

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AFP