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Um Walid, de 52 años, da de comer a sus nietos en una habitación de un edificio sin terminar en donde vive en el barrio Daf Al Sakhr de Jaramana, a las afueras de Damasco, el 16 de diciembre de 2015

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Una vieja camioneta estacionada en el centro de Damasco es el último refugio de Abu Zyad, un vendedor ambulante de cigarrillos que llegó a la capital siria en 2012, huyendo de los combates en Sbina, su pueblo natal.

Al igual que este padre de familia de 62 años, más de 7,6 millones de sirios se han visto desplazados desde marzo de 2011 por la sangrienta guerra civil, que ha causado en casi cinco años más de 250.000 muertos.

"Esta camioneta es como mi mujer, le hablo por la mañana y por la noche me ofrece un refugio. La compré en 1978 y envejecimos juntos", dice Abu Zyad, que en 2012 abandonó Sbina, al suroeste de Damasco, junto a su esposa y sus nueve hijos. Desde entonces, su mujer murió y uno de sus hijos perdió la vida alcanzado por la explosión de un obús. El resto de la prole vive en minúsculos apartamentos en los suburbios de Damasco, pero él pernocta en su abollada camioneta blanca.

"No puedo volver a mi pueblo debido a los combates y no puedo alquilar una vivienda porque los precios son muy elevados y no tengo suficiente dinero para pagar el transporte cotidiano para ir a dormir a lo de mis hijos", dice resignado Abu Zyad, abrigado con una chaqueta negra y una bufanda gris.

Antes utilizaba la camioneta para transportar refrigeradores en Damasco, pero el mal estado del vehículo y la falta de dinero para reparaciones lo obligaron a instalarse en Al Marjé, una plaza muy animada en el centro de la capital.

La camioneta no se mueve y él tampoco. Cada mañana instala su modesta mesita delante de la camioneta y vende cigarrillos. En las noches de invierno, se calienta con un improvisado fueguito y en verano vive a la sombra de un muro de la plaza.

Cuando la venta del día es buena, le da para alquilar una cama en una habitación colectiva de un hotel o visitar a su familia.

- Millones de viviendas destruidas -

"Más de 2,3 millones de viviendas fueron destruidas en Siria. En ellas vivían unos siete millones de personas que se desplazaron a otras regiones", explica a la AFP Ammar Yussef, un economista que prepara un estudio sobre la destrucción causada por el conflicto.

El coste de la reconstrucción de las viviendas y las infraestructuras destruidas en la guerra está evaluado en unos 250.000 millones de dólares, explica Yussef. "La periferia de Damasco forma parte de las regiones más afectadas, localidades enteras fueron borradas del mapa", detalla Yussef.

Después de Damasco, Homs, en el centro de Siria, registra el peor balance, con unas "800.000 viviendas destruidas", agrega.

El economista estima, por otra parte, que Siria -donde cuatro de cada cinco habitantes vive en la pobreza o la miseria, según la ONU- necesita "urgentemente" tres millones de viviendas para afrontar la crisis. La tasa de ocupación de las viviendas "pasó de un promedio de cinco personas a veinte", explica.

En la periferia de Damasco, centenas de familias se amontonan en edificios en construcción en calles sin terminar llenas de barro y basura. A falta de puertas y ventanas, los huecos se tapan con lonas de plástico o cartones.

Um Walid, una mujer de 52 años, sus cinco hijos y una multitud de nietos huyeron de Diyabiyé, al sur de la capital, para refugiarse en un edificio de Jaramana, una ciudad druso-cristiana de las afueras de Damasco. "Antes, cada uno de mis hijos tenía su propio apartamento", lamenta Um Walid. "Hoy vivimos todos juntos para poder pagar el alquiler", explica. "Hace mucho frío, hay insectos y animales, tenemos apenas un techo y paredes en un edificio sin terminar", agrega Um Walid. "Y a pesar de eso, el precio del alquiler nos está rompiendo el espinazo", concluye resignada.

AFP