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El expresidente de Pakistán Musharraf dice que su condena a muerte es una "venganza personal"

El expresidente paquistaní Pervez Musharraf realiza una declaración a través de un vídeo -visto el 19 de diciembre de 2019 en Islamabad- desde la cama de un hospital de Dubái afp_tickers
Este contenido fue publicado el 19 diciembre 2019 - 05:43
(AFP)

El expresidente paquistaní Pervez Musharraf, exiliado en Dubái, calificó el miércoles por la noche de "venganza personal" su condena a muerte en ausencia por traición, deplorando "un uso lamentable de la ley" para "apuntarle".

"Este caso fue montado y enjuiciado como una venganza personal de algunas personas contra mí", declaró el exgeneral, señalando implícitamente al poder judicial.

"El uso desafortunado de la ley, apuntando a una sola persona y eligiendo los incidentes que acomodan demuestra lo que estas personas desean", prosiguió Musharraf, en referencia al presidente del Tribunal Supremo que, a su juicio, admitió haber "acelerado" el procedimiento.

El exjefe de Estado, cuyo abogado afirmaba el martes que estaba en Dubái, en mal estado de salud, apareció en un vídeo desde una cama de hospital, con aspecto frágil y con dificultad para hablar.

"Pervez Musharraf sufre de amiloidosis cardíaca", una enfermedad que causa disfunciones del corazón, declaró Mehrene Malik Adam, secretaria general de la Liga Musulmana para Pakistán (APML), el partido que fundó.

"Está hospitalizado desde hace unos diez días y le están tratando con quimioterapia" en el hospital estadounidense de Dubái, añadió.

Un tribunal especial condenó el martes al exgeneral a pena de muerte en rebeldía por "alta traición" por haber instaurado el estado de excepción en el país en noviembre de 2007.

Para suspender la Constitución Musharraf invocó entonces la defensa de la unidad nacional contra el terrorismo islamista y la oposición del Tribunal Supremo, que debía pronunciarse sobre la legalidad de su reelección un mes antes.

La medida, muy impopular, terminó por provocar su caída en 2008.

Su condena el martes fue muy criticada por los militares, y los principales partidos de la oposición la acogieron como una decisión histórica en un país gobernado durante casi la mitad de sus 72 años de historia por su poderoso ejército.

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