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Dos torres solares en una planta de Abengoa en la localidad sevillana de Sanlucar La Mayor, en una imagen de archivo

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De arreglar instalaciones eléctricas en la desolada España de 1940 a construir la mayor central solar del mundo en Estados Unidos, el grupo español Abengoa presumía de una bonita historia de éxito hasta que su crecimiento descontrolado casi la hace quebrar.

Orgullo de la industria española, el gigante de las energías renovables presentó este miércoles un plan de reestructuración de la deuda para mantenerse a flote que arrebatará la empresa a las familias que durante 75 años protagonizaron una de las mayores aventuras empresariales de España.

Un final inesperado hace solo seis años, cuando el presidente estadounidense, Barack Obama, celebraba en un discurso que Abengoa hubiera decidido construir en Arizona la mayor central solar del mundo.

Entonces era líder mundial en energía termosolar, registraba unas ventas de 5.500 millones de euros anuales y unos beneficios de 207 millones.

"Era una gran multinacional, centrada en energías renovables y con un modelo productivo basado en la innovación tecnológica. Era un modelo enormemente atractivo", explica a AFP Carlos Sebastián, consejero de Abengoa entre 2005 y 2011.

"Pero creció a un ritmo absolutamente excesivo y basándose además en el endeudamiento", añade Sebastián, que dejó el consejo de administración por discrepancias con su entonces presidente, Felipe Benjumea, apartado en septiembre del negocio montado por su padre en 1941.

- De Sevilla al mundo -

Procedente de una buena familia arruinada y huérfano de padre desde los 13 años, Javier Benjumea fundó con cuatro amigos en Sevilla una empresa dedicada a la reparación de instalaciones eléctricas con un capital de 180.000 pesetas (1.082 euros).

"Iba con bici o con moto por toda Sevilla con unos alicates en la mano arreglando instalaciones eléctricas", explica a AFP su biógrafo Javier del Hoyo.

En medio de la desolación tras la Guerra Civil (1936-1939) y en una región rural como Andalucía, sin apenas tradición de fábricas, Abengoa salió adelante y en 1949 consiguió el contrato para electrificar la red ferroviaria española, presidida entonces por el tío de Benjumea.

El grupo, bien conectado con la dictadura de Francisco Franco, creció de forma espectacular: la facturación creció de 45 millones de pesetas en 1950 a 4.880 en 1970, emprendió proyectos en Latinoamérica y se diversificó entró en los sectores del agua, las telecomunicaciones, la energía, los transportes...

En 1991, cuando el fundador cedió el timón a su hijo Felipe, la empresa tenía más de 100 filiales y 7.000 empleados. Y Javier Benjumea se vio recompensado por el rey Juan Carlos con el título de marqués.

Pero lo mejor estaba por llegar: con Felipe Benjumea al mando, la firma trascendió el mercado español para convertirse en una multinacional, líder en innovación, con 28.700 trabajadores y gran parte de su actividad en Estados Unidos y Brasil.

"Fue una gesta de Felipe Benjumea, pero como toda persona que tiene éxito, fue demasiado impulsivo, escuchó poco y se convirtió en responsable de no poder enderezar la situación", entiende Carlos Sebastián.

- La caída de los Benjumea -

La arriesgada apuesta por los biocombustibles -poco rentables-, el fin de las ayudas a las renovables en plena crisis española y un crecimiento desmesurado sin ampliaciones de capital por el miedo de los fundadores a perder el control dejaron Abengoa al borde del colapso, con una deuda de 9.395 millones de euros en 2015.

Para conseguir salvar la empresa familiar, los Benjumea deberán renunciar a ella, quedándose con un 2,5% de participación y certificando el ocaso de un linaje admirado en Sevilla, tanto por su faceta empresarial como de mecenazgo.

"Hablar en Sevilla de industria es hablar de Abengoa", lamenta Miguel Rus, presidente de la confederación de empresarios de Sevilla. "Tiene una facturación diez veces mayor a cualquier otra empresa de la región", afirma Luis Montoto, jefe de economía del diario local ABC de Sevilla.

Sumamente discreto, nunca concedió entrevistas y apenas aparecía en actos públicos. Ahora Felipe Benjumea se encuentra bajo el foco de una investigación por presunta administración desleal.

E incluso los políticos que ayer lo halagaban le reprochan ahora habercobrado una indemnización de 11 millones de euros mientras el barco se hundía. Unas cantidades "muy poco presentables desde el punto de vista ético", arremetió en diciembre el ministro español de Economía, Luis de Guindos.

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AFP