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En la provincia de Basora (sur), las discrepancias entre las seis o siete tribus de la región suelen degenerar en batalla campal y las fuerzas de seguridad se mantienen al margen por miedo a represalias

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"Aquí las que hablan son las balas", lamenta Daud Salman, quien soportó en silencio los conflictos tribales en su aldea hasta el día en que un disparo hirió a su hijo. Entonces decidió irse.

En la provincia de Basora (sur), las discrepancias entre las seis o siete tribus de la región suelen degenerar en batalla campal y las fuerzas de seguridad se mantienen al margen por miedo a represalias.

Los conflictos tribales y los ajustes de cuentas ensangrientan desde hace años esta región fronteriza con Kuwait. Pero con la movilización del conjunto de las fuerzas de seguridad en la guerra contra el grupo Estado Islámico (EI), muchas familias se sintieron más abandonadas que antes.

Daud Salman, de 41 años, es categórico: "Sin armas, una familia no puede sobrevivir" en las ciudades donde los enfrentamientos con armas automáticas, a veces ametralladoras, transforman "zonas residenciales en campos de batalla".

Su hijo Alí, de 15 años, resultó herido en un hombro por una bala perdida cuando se hallaba delante de casa. Eso hizo que la familia se mudara a Basora, lejos de las zonas tribales del norte de la provincia, cuenta Daud a la AFP.

- Actividad petrolera -

Frente a estos conflictos motivados por diferendos comerciales, cuestiones de honor y hasta partidos de fútbol, los policías no son de ayuda, aseguran los lugareños.

En ausencia del ejército y de la policía federal, "los policías locales evitan inmiscuirse en estos conflictos porque nada los protege. No tienen blindados ni tanques", explica Ghanem Hamid, miembro del consejo provincial.

Y cuando pueden intervenir, muchos se niegan por miedo a una venganza. Y es que muchos policías son originarios de las tribus. La solución, asegura Haydar Ali, un ingeniero de 34 años, sería traer a soldados y policías "de otras provincias para evitar la influencia de las relaciones sociales o los vínculos tribales".

Además hay que confiscar las armas, abogan los habitantes. Las redadas policiales son frecuentes pero no acaban con el arsenal en la provincia, la única de Irak con acceso al mar.

Las tribus se apoderaron de las armas cuando el ejército iraquí se retiró de Kuwait en 1991 y durante la invasión en 2003, encabezada por Estados Unidos, explica el jeque Abas al Fadhli, consejero de la gobernación para asuntos tribales.

En esta región rica en petróleo y con varias compañías extranjeras y numerosas refinerías, este tipo de enfrentamientos a veces bloquea la actividad empresarial, afirma el general Jamil al Chomari, encargado de las operaciones militares en Basora.

"Los enfrentamientos tribales obligan a cerrar carreteras, lo que impide a los empleados de las compañías petroleras acudir al trabajo, y en ocasiones dañan las instalaciones eléctricas", enumera.

- Precio de la sangre -

Para detener esta violencia, estima Haydar Ali, hace falta un cambio de mentalidad. "La sociedad debe proscribir los conflictos tribales incluso antes de que lo haga la ley", recalca.

Porque la impunidad de los miembros de las tribus implicados en enfrentamientos armados "aumenta esta plaga", abunda Saadun Jasem, un profesor de 46 años.

Cheij Mohamed al Zeydaui, de la tribu de los Bu Zeyd, forma parte de la comisión de las fuerzas armadas encargada de los conflictos tribales. En el sur de Irak, no son los tribunales los que resuelven estos litigios, sino las tribus.

En reuniones en presencia de dignatarios de las dos partes y de otras tribus que ejercen de mediadores, las familias discuten durante horas el "precio de la sangre" -si hubo muertos- bajo forma de compensación financiera o reclaman el destierro de algunos miembros.

En 2017, dice, esta instancia "solucionó 176 diferendos entre tribus, de los que algunos se venían arrastrando desde hace unos 15 años".

El número de conflictos podría seguir subiendo porque, apunta Kirk Sowell, especialista en política iraquí, "Basora sufre a la vez de importantes violencias tribales y asimismo de crimen organizado".

En este país, que derrotó al EI, ahora "el principal desafío en términos de seguridad es interno", añade el experto.

Y es que "las miríadas de grupos del Hashd al Shaabi" (unidades paramilitares venidas sobre todo del sur país en apoyo a las fuerzas gubernamentales en la lucha antiyihadista) "se transforman en mafias locales", y esto aumenta el número de armas.

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AFP