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Una grúa se lleva el 18 de agosto de 2017 el vehículo implicado en el ataque terrorista en Cambrils, a 120 kilómetros al sur de Barcelona

(afp_tickers)

El camarero Markel Artabe saboreaba un helado al borde de la playa de Cambrils cuando estalló el tiroteo que acabó con un segundo ataque en la costa catalana en la madrugada de este viernes, nueve horas después de la matanza de Barcelona.

"Entre las doce y las doce y media, estábamos allí, en el paseo marítimo, hemos escuchado disparos", cuenta a la AFP Markel Artabe, de 20 años, vestido con un pantalón corto y un polo de celeste.

Cambrils, un apacible pueblo de 33.000 habitantes en invierno -muchos más en verano-, está situado a 120 kilómetros al sur de Barcelona.

"Pensamos 'serán cohetes', pero era un disparo después de otro", agrega.

"Los presuntos terroristas circulaban en un Audi A3 y presumiblemente arrollaron a diversas personas, hasta que chocaron con una patrulla de Mossos d'Esquadra (policía regional catalana) y se inició el tiroteo", afirmó el portavoz del Gobierno catalán.

Al menos seis civiles y un policía resultaron heridos. Uno de los civiles se encuentra en un estado crítico, anunciaron los servicios de emergencias de Cataluña.

Los cinco ocupantes del vehículo murieron como consecuencia del tiroteo, anunciaron los Mossos d'Esquadra.

En el pueblo, sobrevolado durante varias horas por un helicóptero, Hassan, un francés de 49 años, habla con los periodistas con su hija en brazos hasta que su mujer le pide que se calle.

"Estábamos en el puerto, había un restaurante con una orquesta. Un automóvil arremetió contra un coche de la policía y volcó", cuenta Hassan.

"Estaba por allí en el puerto, delante de un McDonald's y de repente se escucharon tiros. Pan, pan, pan. Y gritos. Y más gritos. Me he tirado a la playa sin moverme", cuenta por su parte Joan Marc Serra Salinas, camarero en un restaurante donde se refugiaron muchos testigos del drama.

"Según lo que dicen aquí, es gente de mi edad los que han actuado", comenta.

"He visto una persona extranjera muerta en el suelo, con un tiro en la cabeza", afirma por su parte el camarero Markel Artabe, aunque las autoridades no mencionaron por el momento ningún fallecimiento.

"He visto también a otras dos personas muertas que parecían terroristas porque llevaban cinturones como de explosivos", agrega.

Tras el ataque de Barcelona que dejó 13 muertos y fue reivindicado por el grupo Estado Islámico (EI), Cambrils se encontraba en estado de alerta, como toda Cataluña.

La alcaldesa de Cambrils, Cami Mendoza, insiste en "la rapidez, la eficacia de los Mossos d'Esquadra" y su "excelente actuación" durante una rueda de prensa improvisada en la calle a las 05H00 de la mañana (3H00 GMT).

"Estamos consternados", dice Cami Mendoza.

"Está siendo una noche larga y difícil", agrega sin dar más detalles sobre el ataque a los periodistas, que no pueden franquear el cordón de seguridad para acceder al lugar del tiroteo.

Tomados de la mano, dos turistas provenientes de Valencia, Rey Perry, de 43 años, y Rocío Ordoñez, de 26, no pueden creer que Cambrils haya sufrido tal violencia.

Es "una localidad turística tranquila, familiar, donde muchos se pasean con sus niños", dicen al unísono.

"La situación está completamente controlada y dentro de unas horas, Cambrils volverá a la normalidad", dice la alcaldesa, que pasó toda la noche en vilo y espera la salida del sol.

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AFP