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Un hombre con un cartel en el que se lee 'Quebec en duelo' en una concentración junto al Centro Cultural Islámico de la ciudad canadiense donde un tiroteó dejó seis muertos y ocho heridos, el 30 de enero de 2017, al día siguiente del suceso

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El tiroteo del domingo en una mezquita de Quebec constituye un despertar brutal para el Canadá multicultural, abierto y tolerante elogiado por el primer ministro del país, Justin Trudeau, y pone en evidencia las fracturas que atraviesan a la sociedad canadiense.

Aunque las motivaciones del presunto autor de este ataque, que provocó seis muertos, no han sido claramente establecidas, no se trata de un "acto aislado", estima André Gagné, teólogo de la universidad Concordia en Montreal.

El tiroteo se produjo al día siguiente de un mensaje de Trudeau, gran defensor del multiculturalismo, en el que prometió acoger a refugiados "independientemente de su fe". Palabras pronunciadas al día siguiente de la decisión del presidente Donald Trump de prohibir el ingreso a Estados Unidos a ciudadanos de siete países musulmanes.

Este drama arrojó una sombra sobre la imagen de un Canadá inclusivo, alimentada por la aceptación de unos 40.000 refugiados sirios durante 2016. De los 36 millones de habitantes de Canadá, alrededor de 1,1 millón son musulmanes.

"Hay en el mundo una atmósfera de intolerancia y retórica extremista que nutre al islamismo extremista y a los grupos de extrema derecha", asegura a AFP André Gagné.

El presunto autor de la matanza, Alexandre Bissonnette, es un quebequense de 27 años próximo a movimientos nacionalistas.

- Crispación de identidad -

"Varios comentaristas dicen que es una sorpresa total, pero hay que abrir los ojos, antes de todo esto ya era posible darse cuenta de que había problemas", explica Martin Papillon, profesor de Ciencias Políticas en la universidad de Montreal.

"Es revelador de un problema más amplio que una simple cuestión de integración", con "señales de intolerancia respecto de la comunidad musulmana", tanto en Quebec como en Canadá, agrega.

Paradójicamente, "la gente de esa mezquita estaba bien integrada en Quebec", todos hablaban francés, algunos vivían allí desde hace más de 30 años y uno incluso daba clases en la universidad Laval, recuerda Gagné.

"Esas líneas de fractura siempre estuvieron allí y están cada vez más presentes en Quebec, en Canadá y en otras partes del mundo", destaca Papillon.

El primer ministro de Quebec, Philippe Couillard, rechaza que la tragedia sea una prueba del fracaso de vivir juntos, el fundamento del multiculturalismo. "Todas las sociedades tienen que vivir con demonios" como "la islamofobia, el racismo y la exclusión" y si "nuestra sociedad no es perfecta, ninguna sociedad lo es".

Quebec también practica la convivencia pero el multiculturalismo está allí más "cuestionado" que en el resto de Canadá, según Papillon.

Aunque mayoritarios en su provincia, los francófonos de Quebec constituyen una minoría en Canadá, y algunos ven en el multiculturalismo una ideología que diluye la especificidad de la identidad colectiva como pueblo fundador del país.

Para otros tantos el primer ministro Justin Trudeau proclama el carácter 'post-nacional' de Canadá, un país que oficialmente no tendría identidad y en el que el Estado celebra antes que nada las libertades individuales y los valores universales que unen a los ciudadanos.

"La diversidad es nuestra fuerza como canadienses, la tolerancia religiosa es un valor que apreciamos", recordó Trudeau tras la matanza de la mezquita de Quebec.

AFP