Siete millones de electores tunecinos vuelven a las urnas este domingo para elegir Parlamento en unas legislativas, tres semanas después de la primera vuelta de las presidenciales.

Al contrario que en la elección del jefe del Estado, estas legislativas no suscitan demasiado interés entre los tunecinos.

Sin embargo, son cruciales, pues el Parlamento está encargado de las cuestiones que más preocupan a los ciudadanos: la economía, el paro, los servicios públicos y la inflación.

Los electores tendrán que elegir entre 15.000 candidatos para 217 escaños, entre una multitud de partidos.

Las grandes familias políticas, socavadas por las luchas de poder, se presentan de manera dispersa, como en las presidenciales del 15 de septiembre.

Pero, después de que el fallecimiento del presidente Béji Caid Essebsi alterara el calendario electoral, las legislativas se acabaron convocando entre las dos vueltas de las presidenciales y esto hizo que su campaña quedara en gran medida eclipsada.

"La mayoría de la gente está completamente desinteresada por las elecciones legislativas", admite un candidato en campaña, el abogado Ghazi Mrabet.

Muchos observadores esperan que la dinámica del voto de castigo que apartó de la carrera presidencial a políticos conocidos, continúe en las legislativas, cuyos resultados preliminares deberían publicarse el 9 de octubre.

Los independientes podrían obtener buena parte de los escaños, sin que sea posible anticipar qué estrategia adoptarán una vez elegidos.

Por otro lado, Qalb Tounes, el partido creado en junio por Nabil Karaoui --un candidato a las presidenciales que fue detenido por sospechas de blanqueo--, podría ser el primero en el Parlamento, según resultados oficiosos.

Por su parte, el partido de inspiración islamista Ennahdha, principal formación en el Parlamento actual, descartó formar una alianza con el partido de Karaoui.

Aún así, Ennahdha podría seguir perdiendo escaños en estos comicios (como ya le ocurrió en 2014) en beneficio de un nuevo partido islamo-populista, Karama, liderado por el abogado Seifeddine Makhlouf, que defendió a salafistas en varios procesos.

Así las cosas, el Parlamento se anuncia muy fragmentado y las negociaciones para formar una mayoría, difíciles, pues la relación entre muchos partidos es tensa.

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