Treinta años después de haberse liberado del comunismo, Rumania, profundamente europea, celebrará el domingo elecciones presidenciales en las que las posturas nacionalistas no tienen mucho peso.

Según los sondeos, el presidente saliente de centroderecha, Klaus Iohannis, de 60 años, debería ganar la primera vuelta y obtener un segundo mandato de cinco años tras la segunda ronda, prevista el 24 de noviembre.

Este incansable defensor de los "valores europeos" comparte las posiciones de Alemania y Francia en la mayoría de cuestiones europeas, lo que irrita vez a los dirigentes de Hungría y Polonia.

El segundo lugar se jugará entre la exprimera ministra socialdemócrata (PSD) Viorica Dancila, recientemente destituida por el parlamento, Dan Barna, jefe de un joven partido proeuropeo (USR) y el antiguo actor Mircea Diaconu.

Por primera vez desde el retorno de la democracia, a finales de 1989, el PSD no está seguro de estar en la segunda vuelta.

El PSD –un partido centralizado, muy organizado e implantado en todos los territorios de este país de 20 millones de habitantes– gobernó Rumania durante la mayoría de las tres décadas posteriores a la sangrienta revolución de 1989.

Pero sus últimos momentos en el poder terminaron mal. En 2015 fue expulsado del gobierno por una protesta popular tras el incendio de una discoteca de Bucarest en la que murieron 63 personas.

El PSD se recuperó a finales de 2016 gracias a su base electoral, más bien rural y de edad avanzada, pero se enfrentó a un nuevo movimiento de protesta cuando intentó destruir el sistema judicial, incluida la legislación contra la corrupción.

Finalmente el gobierno del PSD fue derrocado el 10 de octubre con una moción de desconfianza. Desde el encarcelamiento por corrupción en mayo del exlíder del partido, Liviu Dragnea, el discurso nacionalista es casi inexistente.

Dragnea tenía hasta ahora un discurso conspirativo y muy crítico con la Unión Europea, que Rumania integró en 2007.

Viorica Dancila, de 55 años, que le sucedió al frente del PSD, intentó explotar este filón, presentándose como candidata que defiende los intereses de los rumanos ante Bruselas.

Por su parte, Iohannis convirtió la elección presidencial en una votación contra los "últimos vestigios del comunismo", haciendo referencia al PSD.

Para el politólogo y periodista rumano Cristian Parvulescu, su país se distingue de Polonia y Hungría, afectados por el soberanismo, porque el campo proeuropeo "pudo unirse en torno a una institución, a saber, el presidente Iohannis".

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