Navigation

En Asia el ramadán choca con las recomendaciones para frenar la pandemia

Unos fieles rezan respetando las distancias recomendadas para luchar contra la pandemia del nuevo coronavirus, en una mezquita de Karachi el 19 de abril de 2020 afp_tickers
Este contenido fue publicado el 22 abril 2020 - 07:16
(AFP)

Asia, hogar de la mitad de los musulmanes del mundo, espera con ansia el ramadán, que este año se celebra en plena epidemia de coronavirus. Las autoridades intentan limitar las reuniones para frenar la propagación de la COVID-19, pero los imanes llaman a los fieles a acudir a las mezquitas.

Los imanes de Bangladés piden a los fieles que afluyan masivamente a las mezquitas. Los de Pakistán convencieron a las autoridades para que no cierren los lugares de culto durante el mes sagrado musulmán. Noche tras noche, amigos y familias celebrarán juntos el "iftar", la ruptura del ayuno.

Las autoridades han tratado de limitar los efectos sanitarios del ramadán, uno de los pilares del islam que comienza el jueves. Pero los dignatarios religiosos descartaron las recomendaciones.

En Bangladés el gobierno ha pedido que se reduzca el número de personas en las mezquitas. Una sugerencia que ha contrariado a uno de los principales grupos de imanes del país.

"La cuota de fieles impuesta por el gobierno no es aceptable para nosotros. El islam no apoya la imposición de ninguna cuota de fieles", dijo Mojibur Rahman Hamidi, miembro del grupo extremista Hefazat e Islam, que representa a estos imanes.

Rezar en la mezquita es "obligatorio" para los musulmanes sanos, agregó.

El viernes decenas de miles de bangladesíes se congregaron para celebrar la muerte de un predicador, rompiendo las consignas del confinamiento.

En Pakistán, la fe ha prevalecido desde el comienzo de la pandemia sobre cualquier otra consideración. Las autoridades intentaron limitar la frecuentación de las mezquitas o cerrar algunas de ellas, pero los fieles rezaron en las calles adyacentes, hombro con hombro, desafiando las reglas de distanciamiento social.

- Presión religiosa -

Antes del ramadán, las autoridades ya cedieron ante la presión religiosa, permitiendo las oraciones diarias y las congregaciones nocturnas en las mezquitas, después de que les prometieran que serán limpiadas regularmente.

Y eso que el número de contagios y de muertos diarios aumenta en un país que en las próximas horas superará los 10.000 enfermos y los 200 muertos.

"Tomaré todas las medidas preventivas, me lavaré las manos y usaré una mascarilla, pero eso no significa que vaya a dejar de asistir a las oraciones, especialmente durante el ramadán", declaró a la AFP Zubair Khan, un taxista de Peshawar (noroeste).

Los riesgos de propagación de la enfermedad a través de las concentraciones religiosas son un hecho. En marzo, grandes congregaciones de misioneros musulmanes tabliguíes provocaron el contagio de cientos de personas en Malasia, India, Pakistán y otros lugares.

La mortalidad de la COVID-19 es actualmente mucho menor en los países asiáticos con población joven que en Europa y Estados Unidos, pero está aumentando bruscamente, lo que hace temer que la pandemia sature sus sistemas sanitarios, con frecuencia infrafinanciados.

- 'Festejar en solitario' -

El nuevo coronavirus ha provocado el cierre de colegios y de comercios en toda Asia, pero la mayoría de las mezquitas han seguido abiertas.

Malasia ha debatido si permitiría los bazares del ramadán, donde los musulmanes compran los dulces que consumen después del iftar.

El gobierno, después de imponer un confinamiento nacional, declaró la semana pasada que sólo permitiría los "bazares electrónicos", con entregas a domicilio.

"Tenemos que festejar en soledad", lamenta Hadi Azmi, un editor de vídeo de 31 años.

Pero el estado de Perlis, en el norte del país, anunció que violará las directrices de Kuala Lumpur y que los comerciantes de alimentos estarán autorizados a vender sus bienes desde sus domicilios y en los bordes de las carreteras.

En Indonesia, donde millones de personas viajan a sus ciudades y pueblos de origen después del ramadán, el gobierno prohibió estos movimientos de población por temor a una explosión de los casos de COVID-19.

Investigadores de la universidad de Indonesia estiman que este fenómeno podría provocar un millón de infectados sólo en la isla de Java, de los cuales 200.000 podrían morir.

Ridwan Kamil, gobernador de la provincia de Java Occidental, con una población de 50 millones de habitantes, intenta ser lo más pedagógico posible: "Si te preocupas por tus seres queridos, quédate donde estás hasta que todo esto termine".

Este artículo ha sido importado automáticamente del antiguo sito web al nuevo. Si observa algún problema de visualización, le pedimos disculpas y le rogamos que nos lo indique a esta dirección: community-feedback@swissinfo.ch

Compartir este artículo

Únase a la conversación

Con una cuenta de SWI, tiene la oportunidad de contribuir con comentarios en nuestro sitio web.

Conéctese o regístrese aquí.