Emisarios iraníes y libaneses negocian este martes en Bagdad una sucesión al gobierno que favorecería a los intereses de Teherán y de sus aliados regionales, mientras los iraquíes siguen reclamando una caída completa del ejecutivo.

Antes incluso de que el Parlamento acepte formalmente la dimisión del primer ministro Adel Abdel Mahdi, el domingo, los partidos políticos ya empezaron a reunirse para discutir sobre su sucesor.

Como ocurre con cada acontecimiento importante en Irak, una figura tutelar volvió a aparecer: el poderoso general Qasem Soleimani, emisario de Teherán para los asuntos iraquíes.

Y para ayudar a preservar los logros políticos de Irán -que lleva décadas tejiendo sus redes en Irak- el enviado cuenta con un ayudante de peso, el dignatario chiita Mohamed Kautharani, encargado de Hezbolá libanés para Irak. Kautharani también viajó a Bagdad, según una fuente próxima al poder.

- El jeque y el general -

El general Soleimani "está en Bagdad para hacer fuerza por un candidato que sustituya a Abdel Mahdi", explicó esta fuente, que pidió no revelar su identidad.

"El jeque Kautharani también juega un gran papel para convencer a los partidos chiitas y sunitas" de que acepten a esta personalidad, cuya identidad se negó a detallar la fuente, aunque son varios los nombres que se han barajado en los últimos días como posibles candidatos a sustituir a Abdel Mahdi, pero todo se toparon con el rechazo de la calle.

Las negociaciones son "muy difíciles", afirmó una fuente gubernamental. A la espera de que se encuentre un nuevo ejecutivo, el gabinete saliente tiene que seguir gestionando los asuntos corrientes, como el presupuesto, las sanciones estadounidenses contra Irán y contra personalidades iraquíes o los manifestantes muertos, explicó.

El presidente iraquí, el kurdo Barham Saleh, que deberá nombrar al futuro primer ministro, fue uno de los primeros que sugirió que Abdel Mahdi debía dimitir.

Pero, en la actualidad, el bando kurdo, que registró varios logros, sobre todo económicos, durante los 13 meses que estuvo en el poder el ejecutivo de Abdel Mahdi, se mantiene prudente.

De momento, los diferentes partidos kurdos tratan de superar sus divisiones internas para formar un frente unido en el Parlamento federal, explicó a la AFP el sociólogo Adel Bakawan.

El interés de los kurdos radica en preservar la parte de los ingresos del petróleo que negocian con Bagdad y reclamar "garantías de que las eventuales reformas de la Constitución no cuestionarán, entre otros, el artículo 140 que trata sobre las zonas disputadas, el veto de las tres provincias, el federalismo", agregó el experto.

Mientras, en la calle, las manifestaciones continúan, y ya dejaron 420 muertos y casi 20.000 heridos.

- Violencia en las ciudades santas -

Las discusiones del Parlamento de cara a establecer una nueva ley electoral que dé lugar a una asamblea más joven y más representativa distan mucho de satisfacer a los manifestantes, que quieren una renovación completa de las instituciones.

Los participantes en las marchas reclaman que se elimine el sistema de repartición de puestos en función de la pertenencia étnica y confesional, o, incluso, el fin del régimen parlamentario.

Los manifestantes tienen en el punto de mira a la clase política, que desvió el equivalente al doble del PIB en casos de corrupción desde 2003, cuando Sadam Husein fue derrocado durante la invasión de Estados Unidos.

Las manifestaciones continuaban este martes en las ciudades del sur, la mayoría en calma, pero en la ciudad santa de Nayaf se volvieron a registrar disparos de perdigones durante la noche, según testigos.

Los dignatarios tribales de la ciudad llevan días negociando una salida a la crisis, mientras que el gobernador solicitó la intervención del gobierno central.

El martes, los jefes de tribus instaron a Moqtada Sadr y a sus combatientes de las Brigadas de Paz a interceder para atajar las protestas, aunque el líder chiita no contestó por el momento.

En la vecina Nasiriya fueron los responsables tribales quienes lograron imponer la calma tras varios días de violencia.

En Kerbala, la otra ciudad santa, se produjeron nuevos enfrentamientos por la noche entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad, que recurrieron a balas reales y a granadas lacrimógenas, según un corresponsal de la AFP en el lugar.

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