Estudiante de medicina, Lynn Abi Jalil, no pudo participar en las protestas que han desbordado Beirut desde hace varios días, puesto que su familia "no quiere". Entonces, este lunes se levantó temprano y se calzó un par de guantes de limpieza.

"Participo a mi manera", señala la joven de 17 años. Con una máscara médica cubriéndole boca y nariz, Lynn recoge los desechos que tapizan el centro de la capital libanesa tras la impresionante manifestación de la víspera, en la que se concentraron centenares de miles de personas para exigir la partida inmediata de toda la clase dirigente.

La plaza de los Mártires, convertida en el núcleo de esta revuelta festiva, quedó cubierta de botellas de plástico, desperdicios quemados y hasta algunas banderas libanesas abandonadas tras los cantos y bailes.

"¡Lárguense ahora!", reza un folleto que se arrastra por el suelo, con la foto del primer ministro Saad Hariri.

Lynn es parte de un pequeño ejército de voluntarios que desean que las protestas continúen sin generar contratiempos. Frente a la mezquita Mohamad al Amin, voluntarios distribuyen bolsas de basura de distintos colores para asegurar así el reciclaje de los desechos.

En una ciudad en que la basura con frecuencia se arroja a las calles por falta de una recolección eficaz, estos voluntarios han decidido predicar con el ejemplo para proyectar la idea del país al que aspiran.

Mochila al hombro, Peter Muracade, de 39 años, llega a la plaza de los Mártires por tercera mañana consecutiva. Había constatado que la movilización de los "limpiadores" aumentaba día tras día, de manera proporcional a la muchedumbre.

"De tres a cinco personas, pasamos a 50 y 500. Ahora, se acercan por miles", explica.

- "Terminar en las bolsas de basura" -

El sábado, tachos de basura quemados y trozos de vidrio roto tapizaban calles y aceras de algunos barrios tras una noche marcada por actos de vandalismo.

La calma ha sido recuperada, pero "la gente todavía siente mucha cólera y dolor", destaca Muracade.

Por su parte, Suheil Hamdan, de 49 años, filma a los voluntarios con su teléfono móvil para colgar las imágenes en las redes sociales internautas.

"Es aquí donde los diputados y los ministros corruptos de nuestro país deben terminar: en bolsas de basura", fustiga, tocado con una gorra para protegerse del sol. "¡No abandonaré la calle hasta que estén en prisión!", afirma.

Cerca de un cine abandonado desde la guerra civil (1975-1990) también hay recolectores de basura, munidos de escobas y vestidos con mamelucos grises, dan prueba de que el Estado aún no ha desaparecido por completo.

Sami Dib, un comerciante de 34 años, ha decidido dejar de trabajar mientras las protestas continúen.

"Hace cuatro días que estamos en la calle luchando por nuestros derechos", señala, para añadir con una sonrisa: "limpiamos por la mañana y hacemos la fiesta por la noche".

En tanto el primer ministro Hariri se preparaba para anunciar un plan de reformas, la confianza de Dib es prácticamente nula: "Líbano está en un callejón sin salida. Queremos cambiar a este régimen corrupto, son todos ladrones que deben responder por sus actos y devolver el dinero robado al país".

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