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Gina Miller, cofundadora del fondo de inversión SCM Private y quien llevó a los tribunales la pretensión del Gobierno británico de ignorar al Parlamento en el Brexit, llega al Tribunal Supremo, en Londres, el 8 de diciembre de 2016

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La británica Gina Miller lleva meses soportando amenazas de muerte e insultos racistas por llevar a los tribunales la pretensión de su Gobierno de ignorar al Parlamento en el Brexit y, aunque confía en una victoria el martes, también la teme.

"Creo que la semana que viene será terrible", dijo a la AFP unos días antes de que el Tribunal Supremo diga si la primera ministra británica, Theresa May, puede iniciar la desconexión con Europa sin consultar al Parlamento.

La máxima autoridad judicial debe pronunciarse el martes sobre la apelación de May a un fallo anterior desfavorable del Alto Tribunal.

Para muchos, Miller, empresaria de 51 años, es una heroína. Pero, para muchos otros, es la aguafiestas que pretende invalidar la voluntad popular de abandonar la Unión Europea expresada en el referéndum de junio.

Cuando presentó la demanda, unos días después del plebiscito, Miller esperaba críticas, pero no lo que vino luego. "No esperaba tener que cambiar mi vida privada", confió a la AFP esta madre de tres hijos.

Los tabloides empezaron a husmear en su pasado, ahora lleva guardaespaldas, ya no usa el transporte público y suele pasar los fines de semana encerrada con su familia en casa.

La mayoría de los insultos que ha recibido son de carácter racial, en muchos casos cuestionando que Miller, nacida en lo que entonces era la colonia de la Guyana británica, sea ni siquiera británica.

"Cosas que se consideraban inaceptables, ahora son aceptables", estimó, preparándose para recibir muchos más insultos esta semana.

"Me han dicho que soy un primate. No sabía que vivíamos en este lugar. Creo que si yo hubiera sido un hombre blanco, hubiera sido más fácil", aseguró.

- Forzando al Gobierno a mostrar su mano -

En una charla en un club privado del centro de Londres, que se ha convertido en un refugio para ella, Miller insistió en que no se arrepiente de nada.

No oculta su oposición al Brexit -como directora de un fondo de inversiones teme su impacto económico-, pero es consciente de que perdió. "Eso no puede cambiarse", sentenció.

El tema ahora son los límites del poder ejecutivo.

La primera ministra, Theresa May, cree que tiene derecho a invocar el Artículo 50 del Tratado europeo de Lisboa, inicio formal del proceso de salida, sin consultar al Parlamento, donde priman los diputados proeuropeos.

En un dictamen en noviembre, el Alto Tribunal negó que May pueda actúar sin consentimiento del legislativo y se espera que el Tribunal Supremo reafirme el martes la decisión precedente.

"Si perdemos, volvemos atrás 400 años, y no creo que los jueces vayan a hacerlo", estimó Miller.

"Si un Gobierno actuara así, crearía un precedente. ¿Puedes imaginártelo? Cualquier primer ministro podría tomar decisiones en el futuro encerrado en una oficina con cuatro o cinco ministros", consideró.

Sin su demanda judicial, cree que el Artículo 50 "hubiera sido invocado el pasado octubre sin plan, e ilegalmente. Por eso tengo que seguir adelante".

Seis meses después de asumir el poder, May esbozó finalmente la semana pasada sus objetivos para las negociaciones, prometiendo controlar la inmigración europea y abandonar el mercado único europeo.

"Creo que mi demanda les obligó a mostrar su mano", dijo Miller.

- '¡Adelante, Gina!' -

Miller creció en un hogar políticamente activo -su padre, Doodnaught Singh, era fiscal general de Guyana- y ya protagonizó una campaña para que las inversiones financieras fueran más transparentes.

Siente que es su deber hablar cuando otros callan.

"Todo lo relacionado con el Brexit es tan emocional que todos temen hablar y eso no es bueno", explicó.

Los mensajes de apoyo que ha recibido refuerzan su determinación.

"Un niño de 10 años hizo un dibujo de mí con un emblema de superhéroe que decía:'¡Adelante, Gina!'. Lo guardo en mi mesa", relató.

"Eso me da fuerzas. Porque no soy invencible", sentenció.

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AFP