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El logo de HNA, en la sede de este conglomerado en Pekín el 18 de febrero de 2016

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Desde su rascacielos de Manhattan, un multimillonario chino libra una despiadada guerra contra el régimen de Pekín, al que amenaza con revelar supuestas irregularidades, lanzando sus ataques por las redes sociales.

Hasta la fecha, Guo Wengui, de 50 años, apenas ha argumentado sus acusaciones contra los más altos dirigentes chinos.

Sin embargo, el Gobierno parece tomarse en serio sus amenazas de que el próximo otoño llevará a cabo una gran revelación, lo que podría enturbiar el congreso del Partido Comunista, que en principio renovará por cinco años más el mandato del presidente actual, Xi Jinping.

"Es la mayor bomba política de 2017", observa Liang Jiang, analista en Radio Free Asia (RFA), un medio financiado por Estados Unidos.

Desde hace tres meses, el multimillonario, que hizo fortuna en el sector inmobiliario antes de abandonar China a finales de 2014, inunda las redes sociales con vídeos en los que aparece en su espléndido apartamento neoyorquino lanzando acusaciones contra la élite china.

"Lo interesante de todo esto es ver la atención que suscita en el Partido Comunista pero también entre los chinos informados", subraya el politólogo Trey McArver, del centro de investigación Trivium China, con sede en Pekín. "No tanto por lo que hace sino por lo que podría llegar a hacer".

En una muestra del nerviosismo del poder, tres exdirigentes de una compañía controlada por Guo Wengui fueron procesados por fraude la semana pasada. Como se esperaba, acusaron al multimillonario de haber ordenado las malversaciones.

- "Un rompecabezas" -

Guo Wengui también está siendo procesado en Estados Unidos, donde nueve de sus acreedores le reclaman 50 millones de dólares (44 millones de euros) ante la justicia estadounidense.

El caso Guo Wengui estalló en abril, cuando una entrevista que el magnate estaba ofreciendo en directo a la radio estadounidense Voice of America (VOA) se interrumpió de repente, algo de lo que Guo responsabilizó a la embajada de China en Washington.

Unos días antes, el Gobierno chino anunció que había interpelado a Interpol por el caso Guo Wengui, aunque esto no obliga a Estados Unidos a deportarlo a China.

Según la prensa china, el multimillonario habría sobornado al exdirector de los servicios de contraespionaje chinos, Ma Jian, con 60 millones de yuanes (8 millones de euros). Por su parte, Ma, destituido a principios de 2015 por corrupción, admitió que había recibido dinero del magnate inmobiliario.

Entre los objetivos de Guo, se encuentra Wang Qishan, número seis del Partido Comunista y jefe de la campaña anticorrupción lanzada por Xi Jinping. Guo acusa a la familia de Wang, del que se ha dicho que podría convertirse en futuro primer ministro, de realizar "oscuras transacciones en el extranjero".

Según Guo, el conglomerado HNA, activo en el sector de la aviación y el turismo y que incrementó masivamente sus inversiones en el extranjero en los últimos años, pertenecería a familiares de Wang Qishan, algo que la compañía desmintió el sábado.

Los ataques de Guo Wengui son un "rompecabezas" para los dirigentes chinos, apunta David Kelly, director de investigación del gabinete China Policy, con sede en Pekín.

El Gobierno "no puede responder sin revelar la cara oculta del mundo político" y sus vínculos con el poder económico, explica Kelly. "Es muy difícil prever cómo puede evolucionar todo esto".

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