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El primer ministro irlandés, Enda Kenny, líder del partido Fine Gael, hablando con los periodistas tras las elecciones generales en Castlebar, en Irlanda, el 27 de febrero de 2016

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La historia de España y Portugal se repite en Irlanda: elección de un gobierno conservador en lo peor de la crisis, aplicación de recetas de austeridad, crecimiento económico de nuevo pero derrota en las urnas de los conservadores e ingobernabilidad.

Derrota a medias, porque en los tres casos los partidos en el gobierno fueron los más votados y los que más escaños consiguieron, pero se han convertido en activos políticos tóxicos que el resto evita.

Así, con un parlamento fragmentado a la italiana -sin la experiencia italiana para gestionar parlamentos fragmentados-, el irlandés Enda Kenny, el portugués Pedro Passos Coelho y el español Mariano Rajoy se ven, o podrían verse pronto, en los bancos de la oposición.

Y de fondo, la crisis de los viejos grandes partidos: "El sistema de partidos establecido está bajo amenaza", explicó el profesor David Farrel, profesor de Ciencias Políticas de la University College de Dublín. "No hay duda de que una causa inmediata es la experiencia de la austeridad en curso y su impacto en la ciudadanía", argumentó.

Y en cada país, un matiz a la derrota de los grandes partidos. En España, por ejemplo, los incontables casos de corrupción en el Gobierno han hecho tanto daño al Gobierno como la austeridad, y el posicionamiento ante el independentismo catalán está condicionando las alianzas.

- El declive de los partidos tradicionales -

"Los partidos tradicionales no supieron adaptarse a la nueva realidad, ganó el mensaje de las nuevas formaciones que proponían suavizar el rigor" en las cuentas públicas, explicó a AFP el analista político portugués José Antonio Passos Palmeira.

Podemos o Ciudadanos en España, el Bloque de Izquierdas en Portugal, o el viejo Sinn Fein en Irlanda, que gracias a su oposición a los recortes ha hecho olvidar los vínculos con el IRA, son los nombres propios del fenómeno descrito por Passos Palmeira.

"El escenario en Irlanda es muy parecido al de España, donde hay nuevas elecciones a la vista, o en Portugal, donde se ignora cuánto tiempo durará esta alianza entre el Partido Socialista y la izquierda radical", añadió el analista portugués.

Con el escrutinio de las elecciones del viernes a punto de acabar, el partido Fine Gael de Kenny tiene 49 escaños, lejos de los 80 de la mayoría absoluta, seguido por el Fianna Fail, similar ideológicamente pero enemigo desde los tiempos de la guerra civil de 1921-1922, justo después de la independencia. Ambos se han repartido el gobierno desde 1932 y, por primera vez, no suman el 50% de los votos.

En España, por primera vez desde la restauración de la democracia en 1978, el partido con más escaños, el Partido Popular, con 119, está lejos de los 175 de la mayoría absoluta y podría acabar en la oposición.

Y en Portugal, Passos Coelho y su Partido Social Demócrata —conservador, pese a su nombre— gobernaron 11 días antes de ser derrotados por una moción de censura y sustituidos por un gobierno de coalición entre los socialistas y la izquierda radical, encabezado por Antonio Costa.

- Nuevas elecciones, ¿para qué? -

Los tres países tienen algo en común, aparte de la inestabilidad política: son los que más crecen económicamente en Europa.

Sin embargo, a falta de poder devaluar su moneda —el euro—, el crecimiento se ha basado en parte en la devaluación de los salarios, con una tasa de desempleo que en España alcanza el 21%, combinada con un recorte de lo que ofrecía el Estado.

El descontento sigue ahí, y los analistas, apoyados en los sondeos, no están convencidos de que unas nuevas elecciones, en el horizonte en los tres países, vayan a cambiar el panorama.

"Con las mismas candidaturas y mismos líderes no se perciben variaciones", explico Pablo Ferrándiz, vicepresidente del instituto de sondeos español Metroscopia. "Podría pensarse que esta ingobernabilidad tendría consecuencias" en el voto en unas nuevas elecciones, "y que la gente optaría por volver al bipartidismo clásico, pero no", añadió.

Así, en España, el 61% de los electores quieren que los partidos pacten con lo que tienen y que no se repitan las elecciones, según un sondeo de Metroscopia. Pero ninguno de los partidos que podrían ayudar a formar gobierno lo harán manteniendo las recetas de la austeridad, cuyo gran valedor, Alemania, va lanzando advertencias. "Portugal debe ser prudente (...) y dejar de inquietar a los mercados", lanzó hace poco el ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schäuble.

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AFP